Lifted: Prepárate primero.

Autonomía, autocontrol, responsabilidad y constancia son cuatro valores que queremos inculcar a nuestros niños y que debemos fomentar en nosotros mismos.

Este corto de Pixar nos permite, a través de sus simpáticos personajes, tomar conciencia de lo que ocurre cuando no nos hacemos responsables de nuestra tarea, posponemos nuestras obligaciones o decidimos hacer las cosas «de cualquier manera», confiando en que saldrán bien sin habernos preparado.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=LVLoc6FrLi0&w=560&h=315]

Ahora que nuestros peques se quedan de vacaciones, podemos disfrutar de tiempo libre con ellos, ver pelis, pasear, comer helados, ir a la playa (los de Gijón tendremos que esperar…) Todo ello no está reñido con la reflexión. Por eso, podemos aprovechar estos recursos para invitarles a pensar:

  • ¿Cómo le iba al alienígena en su examen? ¿Por qué?
  • ¿Crees que se había preparado para esa prueba? ¿Qué consecuencias tuvo su falta de preparación?
  • ¿Qué habría pasado si se hubiera preparado bien?
  • ¿Crees que hay alguien que se comporte de manera impulsiva? ¿Qué hubiera necesitado para hacerlo mejor?

El duelo, ¿exclusivamente humano?

En varias ocasiones hemos hablado del duelo: Sus tareas, sus etapas, su función y las emociones que acompañan el proceso.

Sin embargo, algo que hasta ahora no hemos mencionado es que esta respuesta, reacción normal y natural ante una pérdida, no es algo exclusivamente humano.

Los humanos no somos tan especiales como nos gusta creer.

En el mundo animal también hay ejemplos, tanto de duelo como de luto. Entendemos por luto la aflicción por la muerte de una persona querida, que manifiesta con signos externos visibles: comportamientos sociales y ritos religiosos.

Los elefantes, por ejemplo, se despiden tocando el cuerpo del fallecido con su trompa.

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Los delfines pasan días acompañando y protegiendo el cuerpo de su fallecido. Cuando la pareja de un ganso muere, éste pasa el resto de su vida viudo y no vuelve a procrear.

duelo luto funeral pérdida muerte perro cementerio psicologo gijonSe conocen casos de perros que han rastreado la tumba de sus amos y han permanecido allí, en muestra de su lealtad y afecto, durante meses.

¿Y qué ocurre con nuestros primos hermanos, los primates? Algunas especies cargan con los cuerpos de sus crías fallecidas durante semanas, y todos ellos sienten y expresan la pérdida de un miembro de su manada.

En el experimento que compartimos hoy, un monito de juguete cae desde lo alto de un árbol. ¿Cómo reaccionará el resto?

https://www.youtube.com/watch?v=dlxcRzfSeVE

 

Date permiso para vivir tu duelo y sentir tu pérdida. Es parte del camino.

Y si necesitas ayuda, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

¡Hasta el próximo post!

Consejos de un pastelito: Relaciones tóxicas

A veces me encuentro cosas encantadoras en las rrss. Hoy comparto con vosotros algo muy cuqui y, además útil:

Consejos de un Cupcake (que no es otra cosa que una magdalena con un tocado de colores) @TheGoodAdviceCupcake nos da una idea fantástica para lidiar con las relaciones tóxicas.

Relaciones tóxicas

¡Byeeeeee, relaciones tóxicas!The Good Advice Cupcake

Geplaatst door BuzzFeed México op Maandag 21 mei 2018

¿Qué te parece?

Por desgracia, a veces no es tan sencillo…

Puedes encontrar más consejos de este simpático personaje en su perfil de Facebook.

¡Hasta el próximo post!

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Duelo y olvido: «Tengo miedo de olvidarme de él/ella»

Cuando la confusión y el dolor van difuminándose para dar paso a la tristeza por la ausencia de un ser querido, los detalles que hacían a esa persona especial parecen imborrables. Sin embargo, pasan las semanas y los meses, avanzamos en el proceso de duelo y poco a poco algunos detalles van perdiendo nitidez. La voz, la forma de andar, el sonido de su risa…

Es frecuente que, pasado un tiempo del fallecimiento, surja en las personas el temor a olvidar a quienes ya no están con nosotros. En estas últimas semanas, son varias las personas que, en consulta, me han comentado su preocupación por este tema.

Muchas de las frases típicas que se escuchan tanto en el tanatorio como en el tiempo posterior a una pérdida identifican la superación del duelo con el olvido: «tienes que intentar pasar página», «tienes que seguir adelante», «no pienses tanto en ello»… En otra ocasión hablaremos de todos estos clichés, que sirven de poco y pueden dañar mucho a quien los escucha.

Se trata de un error considerar que el proceso de duelo acaba con el olvido: Nunca podremos borrar lo que esa persona ha significado y aún hoy significa para nosotros. Y podemos continuar adelante, pero en ningún caso quiere decir que vayamos a olvidar.

Insisto mucho en que el duelo es un proceso natural e inevitable. Se desencadena por la pérdida o separación de algo o alguien importante para nosotros. En palabras de Doug Manning:

«El duelo es tan natural como llorar cuando te lastimas, dormir cuando estás cansado, comer cuando tienes hambre, estornudar cuando te pica la nariz. Es la manera en la que la naturaleza sana un corazón roto».

El camino que el duelo supone, por tanto, no tiene como finalidad borrar todo resto del paso de esa persona por nuestra vida, sino crecer y transformanos, permitiéndonos recuperar la esperanza en un mundo en el que nuestra persona querida ya no está.

El temor a olvidar es legítimo, como lo son todas las emociones y preocupaciones que acompañan a las personas en duelo. Sin embargo, olvidar no es posible (ni siquiera cuando lo desearíamos) ni realista.

La meta, y el fin del proceso de duelo, es el recuerdo sereno que permite honrar la memoria de quien ya no está, manteniendo viva la relación a pesar de su ausencia. ¿Y cómo hacemos esto? Hablando de esa persona con los demás, compartiendo anécdotas y recuerdos, trayendo a la memoria las vivencias compartidas (también las malas, extrayendo sus aprendizajes), manteniendo el vínculo con esa persona a través de quienes nos rodean y convirtiéndolo en una fuente de sabiduría para seguir adelante.

En ocasiones este temor a olvidar hace que las personas se aferren al dolor, quedando atrapadas en alguna de las etapas del duelo. La tristeza y el aislamiento pueden servirnos para que el recuerdo permanezca en el primer plano de nuestra mente. Algunas personas sienten que así se honra a quienes ya no están. De hecho, tiempo atrás el luto por los fallecidos implicaba ritos, señales y comportamientos en esta dirección que se alargaban en el tiempo como muestra de amor a la persona fallecida. Esta actitud se ha mostrado contraproducente: bloquea el afrontamiento del duelo e impide a las personas desarrollar sentimientos sanos y constructivos, tanto hacia quien ya no está como hacia los que se quedan. Pienso, mientras escribo, en La Casa de Bernarda Alba, de Lorca. Aunque se trata de un ejemplo dramático, no nos pilla tan lejano, ni en el tiempo ni en el espacio.

Quedar anclado en la tristeza no es la forma más constructiva de mantener vivo el recuerdo de nuestra persona querida. Tampoco le honra más. Y dudo mucho que sea lo que esa persona quería para ti. Permitirse soltar el dolor, compartir los recuerdos y recorrer el camino del duelo en compañía, gestionando nuestras emociones con el apoyo de quienes nos rodean, y si es necesario, de un especialista, nos aleja del olvido, del rencor y de las culpas.

La tristeza es una respuesta normal y esperable. Sin embargo, si te aferras a ella puede contaminar los recuerdos con esa persona, y el rastro de cariño y aprendizaje que ha dejado en ti. No permitas que te robe esos tiempos compartidos.