Cáncer, malestar emocional y percepción del tiempo

relojSalud mental y malestar emocional en enfermos de cáncer

Ante un diagnóstico de cáncer, nos enfrentamos a numerosos estresores: los tratamientos, sus efectos secundarios, las posibles recaídas, la incertidumbre, la reacción de las personas de nuestro entorno… La carga emocional que la persona debe soportar es enorme. De hecho, la mitad de los pacientes en procesos oncológicos presenta síntomas de ansiedad, depresión y malestar emocional, y un 30% puede presentar trastornos psicopatológicos.

El concepto de malestar emocional (distress) hace referencia a la experiencia emocional desagradable que afecta a los pensamientos, al comportamiento, a las relaciones y las creencias de la persona. Es considerado un elemento fundamental a la hora de valorar la salud y el bienestar de los pacientes con cáncer. En las distintas fases del tratamiento oncologico, este malestar puede aliviarse o agudizarse: el 63% de los pacientes presenta malestar en algún momento del tratamiento de radioterapia.

Ciertas características personales hacen a algunas personas más vulnerables a este malestar emocional: el riesgo es mayor si se es joven, soltero/a, con una red de apoyo social reducida, bajo nivel académico, psicopatología previa, efectos colaterales por los tratamientos y un peor pronóstico médico.

Cuando las necesidades psicológicas de los pacientes con cáncer no se valoran de manera adecuada, es probable que los recursos asistenciales se empleen de manera incorrecta: se derive al paciente al psicólogo o al psiquiatra sólo si presenta síntomas ansiosos o depresivos severos, ideación suicida, conflictos familiares o cuando el cáncer está muy avanzado y el médico debe comunicar a su paciente que se han agotado las posibilidades de tratamiento.

suero

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A pesar de que el malestar emocional supone uno de los efectos más evidentes de tener un cáncer y de la alta prevalencia de síntomas de ansiedad y depresión, la evaluación y cobertura de estas necesidades es deficitaria: aunque la mitad de los pacientes oncológicos requieren de intervención psicológica de algún tipo, sólo uno de cada diez accede a ella. Algunos de los motivos por los que estas necesidades no son cubiertas son la insuficiencia de profesionales psicooncólogos, un déficit en la detección del malestar emocional, la alta presión asistencial, la falta de entrenamiento del personal sanitario (quienes desconocen la necesidad de derivación), y la ausencia de protocolos de derivación basados en instrumentos de detección o screening del malestar emocional.

La implementación de un adecuado protocolo de detección del malestar emocional y la derivación permitirían que los pacientes recibieran atención psicológica desde las primeras fases del tratamiento médico, reduciría los costes sanitarios y, lo más importante, probablemente mejoraría la calidad de vida de los pacientes.

Imagen cortesía de digitalart/FreeDigitalPhotos.net

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En esta línea, una investigación del profesor Bayés y sus colaboradores demostró que con sólo dos preguntas se podía evaluar el bienestar y el sufrimiento percibido de un paciente: ¿la clave? La percepción subjetiva del paso del tiempo.

El tiempo es percibido de manera diferente por los pacientes y los profesionales sanitarios. Para los primeros el tiempo se alarga; para los segundos, se acorta. Las situaciones o estados relacionados con una percepción de alargamiento del tiempo transcurrido tienen que ver con tres cuestiones: una situación presente desagradable, un estado de animo angustiado o deprimido y los tiempos de espera. A mayor incertidumbre y mayor importancia de la información que espera, mayor sufrimiento del paciente.

La implantación de un protocolo de detección del malestar emocional parece, por tanto, una necesidad apremiante en los servicios oncológicos: la detección temprana de las personas que requieren de atención psicológica evitaría el agravamiento y la cronificación de los problemas y, sobre todo, aliviaría el sufrimiento de los pacientes, mejorando su calidad de vida.

 

Si quieres saber más sobre estas cuestiones, te recomendamos que visites los siguientes enlaces:

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Sentirse bien en invierno

sentirse bien en invierno¿Cómo afecta el invierno a nuestro estado de ánimo?

El invierno continúa, y quedan aún dos meses para que llegue la primavera. Aunque ya ha pasado la Navidad, llueve, hace frío y hay pocas horas de luz solar. En esta época, muchas personas se sienten tristes sin causa aparente, y a algunas de ellas se les llega a diagnosticar un “Trastorno Afectivo Estacional”. En este artículo profundizaremos en la comprensión de las causas de esta “tristeza de invierno”.

La oscuridad, las bajas temperaturas y la climatología adversa hacen que limitemos nuestra actividad física: lo que apetece es “atrincherarse” en casa, acurrucarse en el sofá con un buen libro o una “peli”. También comemos más, y “picamos” entre horas, alargamos la sobremesa, por no hablar de las copiosas comidas de las pasadas fechas navideñas. Todo esto tiene una repercusión en los ciclos naturales de producción de hormonas y neurotransmisores en nuestro cuerpo.

mujer con taza

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La falta de luz altera los niveles de serotonina y melatonina: se reducen los niveles de la primera, mientras se disparan los de la segunda, lo que provoca una alteración de los ciclos de sueño-vigilia, una mayor irritabilidad, un aumento del apetito y una disminución del deseo sexual.

El sedentarismo, por su parte, reduce la secreción de adrenalina, lo que afecta a los niveles de dopamina, sustancia relacionada con la activación y la motivación: se reduce nuestra respuesta ante el estrés y no nos apetece hacer nada.

Toda una revolución hormonal, ¿no te parece?.

Que no cunda el pánico: Podemos recuperar el control. Y las endorfinas serán nuestro mayor aliado. Estas sustancias son conocidas como “las moléculas de la felicidad”, y para aumentar su concentración debemos cuidar nuestra actividad, nuestras relaciones, nuestra alimentación y la calidad de nuestro sueño.

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Aquí tienes algunos pequeños consejos para mejorar tu estado de ánimo en invierno:

  • Sal a pasear. La actividad física es fundamental. Y no es necesario correr una maratón…
  • Disfruta del sol. Aunque no lo creas, en invierno también sale, aunque, como nosotros, se recoge antes.
  • Come bien. No nos referimos a una buena comilona, sino a una buena alimentación, rica en vitaminas y antioxidantes. Recuerda que los excesos se pagan caros…
  • Diviértete, pasa tiempo con las personas a las que quieres, visita lugares nuevos. No hace falta ir muy lejos ni hacer planes caros, seguro que algo se os ocurrirá…
  • Dedícale tiempo a tus aficiones: esas actividades que te gustan y que vas dejando “para cuando tengas tiempo”. Nunca es tarde para aprender algo nuevo.

El invierno puede parecer una estación desagradable y aburrida, sin embargo, ofrece muchas posibilidades. Después de todo, ¿vas a pasarte una cuarta parte del año escondido en casa lamentándote del mal tiempo?