Sexismo en la carta a los Reyes Magos

La Navidad se acerca peligrosa e irremediablemente y el consumismo nos invade.

Sí, tenéis razón, quizá mi discurso es un poco tremendista y apocalíptico. Es así como lo siento, disculpadme.

Quiero compartir algo con vosotros: Como algunos ya sabéis, hace tiempo que colaboro como voluntaria en el Proyecto Primera Infancia de Cruz Roja, en la Asamblea Local de Gijón. Entre mis funciones está el impartir talleres sobre distintos temas a papás y mamás de niños menores de 6 años. Son familias fantásticas, en su mayoría muy dispuestas y colaboradoras y con un montón de recursos. Me encanta pasar con ellos la mañana de los miércoles.

Uno de los últimos talleres que he tenido que preparar versa sobre la Coeducación. Y, ya os imaginaréis… Me he puesto las botas. La coordinadora del proyecto me mira ojiplática y afirma algo obvio: «Sabes que va a haber polémica…». Siempre la hay, pienso. Y la diversidad étnica, cultural y religiosa de los asistentes me resulta tremendamente enriquecedora y da al grupo la oportunidad de ampliar su visión de la realidad, tornándola más amplia.

Uno de los aspectos más relevantes sobre los que quiero que tomen conciencia es que educamos en la diferenciación de roles de género, muchas veces sin intención, desde la más tierna infancia. De hecho, lo hacemos antes incluso del nacimiento. Y los medios de comunicación en todas sus formas realizan una enorme contribución a esta segregación. Aprovechando la época navideña y la inundación de publicidad que sufrimos, especialmente de juguetes, les propuse reflexionar sobre algo tan peregrino como el diseño de los catálogos de jugueterías y centros comerciales. Os invito a hacer lo mismo.

  • ¿Les habéis echado un vistazo ya a esos catálogos que, con toda seguridad, han llegado a vuestro buzón?
  • ¿Qué os habéis encontrado?
  • ¿Os ha llamado la atención algún anuncio de juguetes esta temporada?
  • ¿Y alguno de otro tipo de producto?

Aquí os dejo un vídeo-resumen de lo más revelador. Menos mal que poco a poco las cosas van cambiando…

 

No quiero despedirme sin antes dejaros esta simpática y enternecedora carta en la que unos niños reflexionan sobre su libertad a la hora de elegir a qué y con qué jugar y, por supuesto, qué pedir a Papá Noel o a los Reyes Magos.

https://www.facebook.com/PlayGroundDO/videos/618343255028907/

 

Por cierto, ¿Qué les vas a pedir tú?

 

Mis héroes: Aquellos que son lo que quieren ser

Si tenéis niños, es más que probable que hayáis celebrado con ellos la noche de Halloween. Esta festividad ha ido, en las últimas décadas, haciéndose un hueco en el calendario y en las rutinas escolares de nuestros pequeños. Precisamente por eso, se ha convertido en una ocasión más para inculcar y fomentar valores positivos, como el respeto la diversidad y la ruptura con las normas de género.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=_NjFBzeeeoE&w=560&h=315]

Porque un niño disfrazándose de su superhéroe favorito no es más que eso.

Respetemos la iniciativa, los intereses y la personalidad de todos.

 

¡RESPETA MI CUERPO!

Los adultos nos pasamos la vida dando lecciones a los peques que nos rodean: les hablamos de normas, tratamos de inculcarles valores e incluso les hablamos de posibles dificultades que pueden afrontar en el futuro. Sin embargo hay ciertas cuestiones de las que, por desgracia, nos cuesta hablar con ellos: la sexualidad, las partes privadas del cuerpo y lo que se puede hacer y no se puede hacer con el cuerpo de los demás. Son muchos los adultos que se sonrojan y se ponen nerviosos ante la sola idea de poner sobre el tapete estos temas, cuando en realidad, pocas cosas hay más naturales que el propio cuerpo.

Por si fuera poco, abordar estos temas puede ser muy efectivo a la hora de prevenir o incluso detectar abusos y otras dificultades que son, desgraciadamente, demasiado comunes en nuestros tiempos.

  • ¿De qué manera puedo expresarme sin causar preocupaciones o
    miedos?
  • ¿Qué es lo que los niños ya saben?
  • ¿Por dónde debería empezar?
  • ¿De qué manera puedo proteger a mis hijos?

Son algunas de las numerosas preguntas que se encienden, cual lucecitas del árbol de Navidad, en la cabeza de muchos padres.

Ojala hubiera un método infalible para proteger a niños y niñas de cualquier situación de abuso y desprotección. Por desgracia, no lo hay. Sin embargo, hay mucho que los adultos podemos hacer, y una de las medidas más relevantes a la hora de protegerles es concienciarles, hablando con ellos sobre el cuerpo y sus límites, cómo decir que sí o que no, contribuir a que se sientan seguros y facilitarles que puedan hablar con nosotros de aquello que les preocupa.

En un intento por facilitar la tarea a los adultos asustados (muchas veces más que los niños), la ONG Save the Children ha elaborado la guía «Respeten mi cuerpo«. En ella se recogen consejos sobre cómo mantener conversaciones sobre estos temas con niños de distintas edades.

Aprender que nuestro cuerpo es nuestro, y de nadie más, y que nadie tiene que tocarlo si nosotros no queremos, es el primer paso en la prevención.

Puedes descargar la guía aquí: Respeten mi cuerpo – Save the Children

«Me gustaría que me contara sus cosas…» Sobre la confianza entre padres e hijos.

Una familia con adolescentes

A lo largo de mi experiencia profesional, han sido muchos los padres que me han comentado que les gustaría participar más en la vida de sus hijxs, que sienten que viven con desconocidxs y que les agradaría enormemente que sus chicxs les contaran sus cosas. No importa la edad de los «niñxs» en cuestión, este discurso es muy común. Tal vez demasiado.

De la misma manera, me he encontrado con hijxs, tanto fuera como dentro de la consulta, que se mueven entre dos polos: en un extremo, tenemos a aquellxs a los que les gustaría tener más confianza con sus padres y poder contarles algunas cosas, acudir a ellos en busca de consejo u opinión y compartir una parte, que ellos elijan, de su intimidad. Del otro lado, están aquellos hijxs que se sienten completamente invadidos por sus progenitores. Es común que traten de mantenerlos al margen de sus asuntos privados, y se sientan identificados con la Guardia de la Noche en su labor de defender los Reinos de los Hombres y proteger la frontera de Poniente del ataque de las fuerzas de más allá del muro (sí, yo también soy fan de GoT)

guardianes del muro ataque GoT

Hace unos días, una conversación con una madre me hizo reflexionar. En mi opinión, la intimidad emocional, tan necesaria en todas las etapas del desarrollo, se forja desde la más tierna infancia. La seguridad y complicidad necesaria para poder compartir con el otro nuestras necesidades y preocupaciones parte de un vínculo sano: la presencia y la disponibilidad son los cimientos, pero no bastan. Se necesita también escucha atenta y aceptación incondicional. Y volvemos al tiempo dedicado a la relación con el otro: no en cantidad, sino de calidad.

Sin esta intimidad emocional, nos vemos obligados a crecer en soledad. A no poder compartir nuestras pasiones ni nuestros miedos. A tomar nuestras propias decisiones sin contrastarlas con los demás. Y a equivocarnos. Los errores son inevitables, parte imprescindible del proceso de aprendizaje y, por tanto, de la vida. Sin embargo, resulta llamativo cómo, por tratar de ocultar algo que consideramos va a ser juzgado por el otro como un error, la comunicación con el otro se distorsiona y la relación se enrarece.

Y es que resulta complicado compartir nuestra vivencias con los demás sin sentirnos juzgados. Piénsalo: Si repasas las conversaciones que has tenido estos días con familiares, amigos, compañeros de estudios o de trabajo… Seguro que te viene a la cabeza más de un ejemplo en el que has sentido que el otro te colocaba en un posición de evaluación, te has sentido juzgado y te has replanteado la idoneidad de lo que has hecho… O tu elección a la hora de contarlo.

Somos de gatillo fácil. Con demasiada frecuencia, cuando alguna persona cercana se abre a nosotros y comparte sus anécdotas, sus experiencias o sus preocupaciones, inmediatamente nos ponemos en «modo solucionador» y ofrecemos alternativas. La realidad es que, en la mayoría de las ocasiones, la otra parte sólo necesita ser escuchada. Nos pide prestados nuestros oídos, nuestro cerebro y nuestro corazón para que seamos testigos mudos mientras ordena sus pensamiento, narra su historia, repasa los detalles… Y llega a sus propias conclusiones.

Todo estos es mucho más sencillo de lo que parece: ¿Quieres que te cuenten? Escucha. Pero escucha de verdad. Y habla tú también. Los padres, como siempre, con la mejor de las intenciones, tienen por costumbre proteger a sus niñxs manteniéndolos al margen de casi todo. Si nos paramos a reflexionar, nos damos cuenta enseguida de que poco sabemos de la vida de nuestros padres antes de que se convirtieran en eso, en padres. Y la realidad es que ellos, como nosotros, tienen y han tenido múltiples experiencias y desempeñan roles diversos: son padres, sí, pero también cónyuges, hijos, hermanos, nueras, yernos, cuñados, amigos, novios, alumnos… Ellos también tienen muchos rostros.

caras GoT Casa de blanco y negro

Y toda esta información, tan valiosa, pasa desapercibida para nosotros. De este modo, niños y adultos construyen vidas paralelas. Esta actitud nos aleja emocionalmente y construye, siguiendo con la metáfora, un enorme muro entre nosotros. ¿Cómo va a compartir un niño sus experiencias, sus gustos, sus preocupaciones… Si crece en un mundo donde nadie más lo hace?

Curiosamente, los esfuerzos de los padres por proteger se vuelven en su contra, y en lugar de crear un ambiente seguro y amoroso, se establece un clima afectivamente helado en el que, por si fuera poco, periódicamente cae una lluvia de preguntas que huele a interrogatorio: «¿qué tal hoy en el cole? ¿qué has hecho? ¿te has portado bien? ¿y en el recreo? ¿con quién has jugado?, pero ese niño saca malas notas, ¿verdad?…» 

Cometemos un enorme error si pensamos que de esta manera estamos conectando con ellos. A nadie le gusta tener que responder a un interrogatorio, y tampoco a nuestros hijos. Lo que necesitan y con toda probabilidad desean es que estemos disponibles para, en caso de necesidad, poder acudir a nosotros. 

Y tú, ¿qué opinas?

Sentimientos y Valores: Cuentos que llegan al corazón

Hace unas pocas semanas encontré unos cuentos en una tienda de decoración próxima al Paseo de Begoña. Inmediatamente captaron mi atención, por lo sorprendente de su ubicación y por las simpáticas ilustraciones de la portada. Quienes me leéis habitualmente, sabéis que el mundo de las emociones, los libros y las ilustraciones bonitas son algunos de mis puntos débiles…

Cuál fue mi sorpresa cuando, al acercarme a husmear, me encuentro con unos cuantos ejemplares variados de la colección de Violeta Monreal titulada «Sentimientos y valores», para ser más concretos, Celos, Nerviosismo, Timidez, Sinceridad, Felicidad, y Libertad. La autora ha elegido, con mucho tino, emociones y valores con cada una de las letras del abecedario (Sí, incluidas la K, la Y y la W), y a través de sus entrañables historias, con esos curiosos personajes que son «los filins», ayuda a los niños a reconocer su sentir, a darle un nombre, a identificar cómo su cuerpo lo manifiesta y a relacionarlo con distintas situaciones de la vida cotidiana.

Algunas de las familias que vienen a verme a consulta me habían hablado de esta autora, que ha visitado algunos Colegios Públicos de la zona, dejando a los niños embelesados con sus relatos. No podía perder la ocasión, así que me dirigí a la caja con los tres primeros debajo del brazo. El precio era más que asequible, y además cada ejemplar venía con un CD con actividades. Desde luego, no perdía nada por llevármelos y echarles un vistazo más detenidamente. No, no perdía nada, más bien todo lo contrario: he ganado unas cuantas buenas historias, una manera dulce y cercana de presentarles a los niños emociones tan difíciles de gestionar para ellos como los celos o el nerviosismo, y Violeta ha ganado una fan.

Estaba acercándome a la caja, como decía, cuando decidí sin pensarlo mucho dar media vuelta sobre mis tacones y volver al estante a por los otros tres. Mientras lo hacía, recordaba el mito de Pandora, cuya curiosidad la llevó a incumplir su promesa y abrir el ánfora que Zeus le regaló, liberando todos los males del mundo y dejando dentro, atrapada, la esperanza. Recordaba también mi propia insistencia, como terapeuta sistémica familiar, en la utilización de los recursos y el aprovechamiento de los puntos fuertes de las personas que vienen a verme. Por eso, la Libertad, la Sinceridad y la Felicidad también se vinieron conmigo.

Si tenéis curiosidad, en su página web podéis encontrar los proyectos en los que ha colaborado. A mi me ha ganado con los poemas-moraleja del final de cada relato.

Gracias, Violeta.

sentimientos y valores

El cerebro del niño y los dispositivos móviles: tablets y móviles

Hace ya un tiempo que sigo en las redes sociales a Álvaro Bilbao, neuropsicólogo, terapeuta, padre y autor del libro «El Cerebro del Niño explicado a los padres», un valioso manual de lectura ágil y comprensible para todos que nos ayuda a entender a los peques, desarrollar sus capacidades y proporcionarles el mayor bienestar emocional. Si sois papás o tenéis niños cerca, os recomiendo su lectura, sin duda.

Hoy quiero compartir con vosotros un vídeo muy cortito en el que explica con sencillez por qué no es buena idea distraer a los niños con dispositivos electrónicos a la hora de comer, en la sala de espera del pediatra o mientras estamos tomando algo con los amigos en una terraza. Ponerles un capítulo de sus dibujos favoritos en la tablet o el móvil o dejarles jugar un rato al Candy Crush es una salida fácil que muchos padres utilizan, sin embargo, sus efectos son importantes, por lo que no resulta nada recomendable.

https://www.facebook.com/elcerebrodelnino/videos/1844148722511521/

 

¿Qué se te ocurre a ti que podéis hacer en lugar de usar el recurso de enchufar al niño a la tablet o al móvil para distraerle?

Puedes contárnoslo dejando un comentario.

¡Hasta el próximo post!

Cine y Salud Mental: El Síndrome de Asperger

Quienes seguís el blog y le dedicáis un ratito de vuestro tiempo a leer lo que escribo, ya conocéis mi afición al cine y, más concretamente, mi debilidad por el cine de animación. Por cierto, os lo digo poco: Gracias por leerme.

Hoy me gustaría compartir con vosotros una historia que se estrenó en el conocido Festival de cine independiente de Sundance hace ya unos años, allá por el 2009. Se trata de Mary & Max, una película australiana que relata la amistad por carta entre una niña de las antípodas y un hombre con síndrome de Asperger que vive en Nueva York. En el transcurso de esta larga y sólida amistad, ambos se enfrentan a un mundo que, en ocasiones, resulta confuso, caótico y cruel.

La ternura, aparente sencillez y la honestidad de la presentación de la trama hace que resulte fácil reconocer en los personajes a personas de nuestro entorno o identificarnos nosotros mismos: una niña solitaria, un hombre obeso y con dificultades para relacionarse, un padre demasiado centrado en su trabajo que se implica poco con su familia; una madre, cuanto menos, peculiar; un veterano de guerra y un vecino con tartamudez nos acompañarán en una historia entrañable y dura al mismo tiempo que nos hará pensar sobre cuestiones tan importantes como la salud mental, la soledad, las relaciones familiares, la amistad y la aceptación de nuestras imperfecciones.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=Ipq95oJryuo&w=560&h=315]

Espero que disfrutéis de la película.

Coherencia y respeto. Grandes o pequeños, todos somos humanos.

Anoche leí un párrafo de la guía Newbie para una Parentalidad Positiva (Rebecca Eanes) que no puedo dejar de compartir con vosotros. Me pareció la esencia misma de la crianza respetuosa y, al mismo tiempo, estoy convencida de que desatará la polémica. Dice así:

«Con demasiada frecuencia, se sanciona a los niños por ser humanos. No se les permite estar gruñones, tener días malos, tonos de voz irrespetuoso o mala actitud. Sí, los adultos los tenemos todo el tiempo. Ninguno de nosotros es perfecto. Debemos dejar de imponer a nuestros niños niveles de perfección más elevados de los que podemos alcanzar nosotros mismos«.

En el texto original:

“So often, children are punished for being human. They are not allowed to have grumpy moods, bad days, disrespectful tones, or bad attitudes. Yet, we adults have them all the time. None of us are perfect. We must stop holding our children to a higher standard of perfection than we can attain ourselves.”

Para un minuto y piensa:

¿Algo de lo que has hecho hoy te traería problemas si fueras niño?

chicos
Imagen cortesía de David Castillo Dominici/FreeDigitalPhotos.net

Quizá has ignorado a alguien que te estaba hablando. O has gritado a alguien. O hayas dado una mala contestación. Tal vez hayas dado un portazo, puesto mala cara o resoplado ante alguna petición o comentario de otra persona.

Si lo hace un adulto, y lo hacemos todo el tiempo, inmediatamente buscamos las razones y lo justificamos: estamos agobiados por el trabajo, cansados, hambrientos, doloridos, nerviosos… Somos buena gente, al menos la mayoría, y nos esforzamos. Aunque no siempre podemos hacer las cosas bien.

Y tú, ¿qué opinas?

 

16 comentarios machistas por minuto: Ahora o nunca

Algunas personas somos conscientes de la presencia del machismo en nuestra sociedad. Otras, sencillamente, lo normalizan. La distribución de roles, las relaciones entre los géneros, están cambiando. Quizá no tanto ni tan deprisa como a algunos nos gustaría, pues la igualdad entre hombres y mujeres es aún un horizonte muy lejano en algunas facetas de la vida. No obstante, el aumento de conciencia del problema no hace sino ratificar que, por fin, un cambio es posible.

igualdad de generoUna joven estudiante de 17 años, Alicia Ródenas, del Instituto Diego Siloé de Albacete, ha recopilado 100 comentarios machistas que, si no todas, la mayoría de nosotras ha escuchado en numerosas ocasiones desde la más tierna infancia.

Durante la niñez, la adolescencia, y aún en la vida adulta, en todas las etapas vitales, se nos bombardea con mensajes que nos imponen modelos de feminidad y masculinidad sujetos a los roles tradicionales.

  • «No seas tan bruta jugando, pareces un niño»
  • «Las niñas no hacen esas cosas»
  • «Si ese niño te pega, no te preocupes, es porque le gustas»
  • «Los videojuegos y los coches son de chicos, las niñas juegan a cocinitas, a mamás y papás…»

A estos mensajes, que calan en la mente infantil dejando una huella importante en muchos casos, se añaden en la adolescencia otros que implican juicios respecto al desarrollo de la sexualidad:

  • «¿Ya tienes novio?» «¿Aún no tienes novio?»
  • «Si no querías que te mirase, ¿para qué llevas ese escote?»
  • «Si estás siempre rodeada de chicos, eres una calientap*llas; si sólo te relacionas con chicas, igual eres lesbiana. Si no te interesa, eres una estrecha»
  • «¿Qué pasa? ¿Tienes la regla, o qué?»

A medida que los años pasan y las niñas nos convertimos en mujeres, algunos de estos comentarios llegan incluso a poner en peligro nuestra integridad física:

  • «No te pongas ese vestido tan corto si yo no voy contigo»
  • «¿Te violó? ¿estás segura? Quizá lo provocaste… ¿Qué llevabas puesto?»
  • «Como me dejes, te vas a enterar… Voy a arruinarte la vida»
  • «Como me dejes… Te mato»

Machismo mujer sufiendo angustia

El video termina con una contundente afirmación:

«La violencia de género no es solo física. La vivimos desde nuestra infancia y nos persigue hasta el final. Es ahora o nunca.»

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=IX—4oLr2U&w=560&h=315]

Tal como afirma la joven, “Hay que empezar desde pequeños. Si no, es muy difícil aprender que decir estas cosas está mal” y que, por ejemplo, si una niña quiere jugar a fútbol no hay por qué necesidad de impedírselo, que no está bien soltar comentarios machistas y luego aducir que «era broma» y que es una barbaridad preguntarle a una mujer violada qué llevaba puesto”.

Es ahora o nunca.

 

 

15 libros infantiles para mini-feministas

Esta tarde de domingo, buscando lecturas para compartir en el proyecto de Primera Infancia de Cruz Roja en el que participo, he ido a dar con esta recopilación, que no tiene desperdicio.

Porque niños y grandes tenemos mucho que aprender sobre identidad, género y valores. Y nunca es demasiado pronto, ni demasiado tarde, para educar en la igualdad.

¡Disfrutad de la lectura!