La ansiedad en pareja: ¿Tu ansiedad es la mía?

Vivir con ansiedad es complicado: el pensamiento acelerado, atascarse con tareas y actividades que para otros resultan sencillas, sentir que las preocupaciones nos atrapan… Propia o ajena, la ansiedad es un engorro. Cuando convives con alguien que la padece, es posible que la situación os sobrepase a los dos y sientas una enorme impotencia. De hecho, son numerosos los estudios que ponen de manifiesto cómo la ansiedad de una de las partes contribuye a la insatisfacción en la pareja. (Puedes leer más sobre ello aquí).

En consulta es habitual comprobar cómo la ansiedad se convierte en el tercer miembro no deseado de la pareja, en «el otro» o «la otra». Estamos hablando de la ansiedad como algo muy general, aunque se presenta bajo distintas formas: fobias específicas, agorafobia, angustia, ansiedad social, ansiedad generalizada… Todas ellas, recogidas y descritas en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-V, pueden afectar, en mayor o menor medida, a la convivencia y la relación. De ahí la importancia de desarrollar estrategias para poder acompañar a tu persona querida en el desafío que supone manejar su ansiedad, y evitar que ésta os arrastre a los ambos.

  • Identifica los síntomas

Es recomendable que tengas localizadas las maneras en que tu ansiedad interfiere en tu día a día: problemas para conciliar el sueño, despertar precoz, dificultades de concentración… Si puedes explicárselo a tu pareja, entenderá mejor lo que está ocurriendo y os evitaréis malos entendidos o atribuciones erróneas. También captará con más facilidad a las primeras señales y podréis tomar medidas antes de que la situación vaya a más.

  • No niegues ni minimices sus sentimientos

Trata de entender los miedos y preocupaciones de la persona que tienes delante. Aunque desde tu punto de vista lo que le angustia parezca ilógico, su sentimiento es legítimo. No es una tontería, aunque a ti te lo parezca. Lo que siente es real: Valídalo.

La tendencia natural cuando vemos a alguien que tiene un problema es intentar solucionarlo inmediatamente. La ansiedad no funciona así: No podemos resolver nada sin antes mostrar empatía y comprensión. No podremos pasar a la lógica y cuestionar la irracionalidad de los pensamientos si la persona se siente juzgada e incomprendida.

Con la ansiedad no valen soluciones sencillas, pero si quieres ayudar, comienza por mostrar empatía.

  • Anima a buscar ayuda y participa en el proceso terapéutico, pero no te pases

Puedes sugerir a tu persona querida que busque ayuda, pero no tomes la iniciativa de concertar tú la cita con un especialista: Respeta su ritmo y deja que tome las riendas en la búsqueda de soluciones.

Durante el proceso terapéutico tomaréis conciencia de que, aunque la ansiedad trate de engañaros, estáis en el mismo equipo. Si hay que plantearlo en términos bélicos, esto no es una guerra entre vosotros. No perdáis de vista que la ansiedad es el enemigo. Vosotros sois un equipo y el profesional un aliado al que habéis reclutado para vencerlo.

Durante la terapia, es posible que el psicólogo/la psicóloga proponga algunas tareas conjuntas. Será útil que participes, pero no olvides tu papel: Incluso cuando te dedicas a ésto profesionalmente, no puedes convertirte en el psicólogo de tu persona querida.

  • Anima sin presionar

Aunque convivir con alguien que padece distintas formas de ansiedad cuando a ti no te ha pasado puede ser muy frustrante, tienes que entender que no se trata de algo que la otra persona ha elegido. Seguramente tiene más ganas que tú de encontrarse mejor.

Dado que los dos queréis lo mismo, tenemos que procurar que esa motivación resulte efectiva. Incluso si estás molesto/a, comentarios como «¿Por qué no puedes hacerlo? ¿Pero qué te pasa? No es para tanto…» sólo van a haceros sentir peor. Sería más útil algo como «Entiendo el malestar que esto te está produciendo. Tiene sentido que sientas así: no puedes salir discretamente, te preocupa que los demás se den cuenta de que algo no va bien y hagan preguntas y no quieres pasar vergüenza ni incomodar a nadie más. Hay muchas cosas que no puedes controlar y eso te agobia». Después puedes intentar, con cariño y respeto, animarle a afrontar la situación.

  • Cuidad vuestra vida más allá de la ansiedad

Los hábitos y relaciones saludables son dos de los pilares de la salud mental. No olvidéis cultivar vuestras parcelas fuera de la pareja: el tiempo de descanso y ocio, en soledad o con amigos, os permitirá ventilar y coger fuerzas para hacer frente a lo que venga.

Uno de los errores más comunes en pareja es asumir que la otra parte tiene que cubrir todas nuestras necesidades afectivas, que tenemos que compartirlo todo. Absolutamente todo. Estas expectativas desajustadas constituyen la base de esos mitos del amor romántico que tanto daño hacen.

Para no diluirnos en la pareja hasta desaparecer, necesitamos mantener nuestra individualidad: una red de relaciones propias, tiempo para nosotros, actividades e intereses propios…

Más aún cuando surgen dificultades, cada uno va a necesitar de apoyo individual: poder hablar con alguien ajeno a la pareja sobre lo que sucede, cómo nos sentimos, qué estamos intentando hacer y cómo muchas veces estos intentos de solución no hacen sino empeorar el problema resulta liberador y ayuda a tomar perspectiva. Aunque antiguamente se decía mucho eso de que «los trapos sucios hay que lavarlos en casa», también hay que salir fuera a comprar detergente, a tender si hace sol…

En ocasiones la vida familiar, y no sólo la de pareja, puede verse invadida por esa invitada no deseada que es la ansiedad. Tenemos que poner límites y no olvidar que somos un equipo contra ella: No podemos permitir que tome el control de nuestra casa decidiendo, por ejemplo, que determinados espacios de la casa tienen que estar extremadamente limpios y ordenados de una manera arbitraria. Aunque, cuando hablamos de ansiedad la comprensión y la flexibilidad resultan fundamentales, no podemos ser indulgentes y ceder a todas las peticiones que la ansiedad formule. 

  • No olvidéis que el objetivo es aprender a gestionar la ansiedad, no eliminarla

La ansiedad nos impide hacer cosas, y eso es lo que la convierte en un obstáculo. Lo más molesto de padecerla es, precisamente, ver nuestra vida limitada. Tener intención o deseo de llevar algo a cabo y verse asaltado por un montón de pensamientos y sensaciones físicas que nos hacen creer que no vamos a poder. Y como no lo intentamos, efectivamente: No podemos. Y encima nos sentimos culpables, tontos y avergonzados por ello… Y nos sentimos incomprendidos, nos distanciamos de quienes nos quieren, aparecen la apatía, dejamos de disfrutar de lo que antes nos gustaba… Y asoma la depresión. Y todo junto, gloria.

La gran lección, que a veces cuesta mucho aprender, es que la ansiedad no es la mejor compañera de viaje, pero no nos vamos a quedar en casa porque ella se haya apuntado al plan: Podemos llevarla con nosotros y, aun así, hacer lo que teníamos previsto.

Hay una frase motivacional dando vueltas por ahí que nos viene como anillo al dedo:

Si todos vuestros esfuerzos se centran en eliminar la ansiedad, tenéis la batalla perdida: Va a aparecer, con más o menos intensidad, de manera justificada por las circunstancias o no, en la vida de todos. La cuestión es ¿qué hacemos cuando venga?. Recuerda: es una invitada no deseada. Vendrá y llamará a la puerta. ¿Cómo la recibís? ¿la invitáis a café, le sacáis las mejores pastas y permitís que se instale en el salón toda la tarde? ¿Le ofrecéis que se quede cenar y a pasar la noche? ¿Permitís que ocupe la mejor habitación de la casa y vosotros os trasladáis al sofá?. Tampoco podéis negaros a abrir la puerta y fingir que no hay nadie en casa, y si la tratáis a gritos os plantará cara…

Si queremos resultados distintos, tendremos que poner en marcha estrategias distintas, ¿no os parece?

Alertas rojas en las relaciones: ¿Cuándo decido alejarme?

En las relaciones, cuando ambas partes tienen el mismo compromiso, contribuyen de manera equitativa a la relación, piden disculpas y enmiendan los comportamientos que han causado daño al otro, no hay problema que no se pueda enfrentar. ¿No os parece?.

A priori, podríamos decir que, cuando estas condiciones se cumplen, no hay motivos para que una relación se rompa, sea ésta de amistad, de familia, de pareja o una relación laboral.

No obstante, y por duro que sea aceptarlo, las relaciones se terminan. ¿Cómo tomamos esa decisión? ¿Cómo sabemos que es el momento? Quizá sea útil estar atentos a las señales y comprobar si se dan algunas de las alertas rojas de las que hablaremos hoy.

Cuando se trata de una relación sana y sucede algo que hace que una o las dos partes se enfaden o se sientan heridas (muchas veces ambas emociones vienen de la mano) y se quiere resolver la situación, el proceso de reconciliación es relativamente sencillo: Nos sentimos seguros y expresamos nuestros pensamientos, sentimientos y necesidades sabiendo que nuestra perspectiva será escuchada, tenida en cuenta y respetada. Se piden disculpas sinceras sin grandes esfuerzos y el perdón llega de manera inmediata, sin condiciones ni demoras. Y, por supuesto, se llevan a cabo cambios comportamentales para evitar vernos en la misma tesitura cuando afrontemos situaciones similares.

Asumimos que, en una relación sana donde hay compromiso con el otro, la relación es importante para ambas partes, y éstas actúan en consecuencia, mostrando voluntad por esquivar los baches y reparando los daños tan pronto se tiene conciencia de ellos. 

Seamos realistas: La comunicación no puede ser siempre efectiva. Son múltiples, y a veces encubiertos, los elementos que pueden obstaculizarla. En el trabajo en consulta con personas que tratan de resolver sus dificultades relacionales resulta patente la influencia que el trauma, el dolor emocional y los disparadores tienen sobre la efectividad de la comunicación: Constituyen auténticas barreras.  Y no podemos actuar como si no existieran sin pegarnos unos cuantos trompazos. Cuando, como adultos responsables, tratamos de hacernos cargo de nuestros problemas y constituir relaciones emocionalmente sanas, intentamos tomar conciencia y reparar la situación cuando esto se produce.

No obstante, en ocasiones sucede que intentas resolver una situación con alguien y, aunque pongas todo tu empeño, el problema acaba siendo aún mayor que cuando la conversación comenzó. Quizá os ha sucedido alguna vez… A mí me ha ocurrido, y resulta confuso, frustrante y agotador. Nuestros esfuerzos por escuchar y ser escuchados, por entender y ser entendidos, caen en saco roto y acabamos dudando de nosotros mismos, cuestionándonos nuestro propio juicio… Desconcertados y confundidos, nos planteamos si la otra persona estará poniendo algo más en este asunto. Algo que nosotros desconocemos…

Cuando la historia de vida de alguien le ha llevado a sentir que cometer errores o estar equivocado es peligroso y ha aprendido que resulta imposible o inútil pedir disculpas, la conversación y el intercambio de argumentos con esa persona se convierte en algo irracional e innecesariamente difícil. No va a ser posible acercarse a una resolución. Al menos, no a una que convenga a las dos partes…

Cuando una persona no puede asumir su responsabilidad ni disculparse, utiliza todas las estrategias que se le ocurren para escapar de las situaciones en las que se le piden cuentas de sus acciones. Su objetivo no es el mismo que el tuyo: No quiere resolver el problema. Lo que pretende es asegurarse de que sus errores y lo inapropiado de su comportamiento no se convierta en un tema de conversación, sino que siga en la sombra. Intenta, a toda costa, ocultar sus fallos. ¿Cómo lo hace? ¿Qué estrategias utiliza? Aquí van unas cuantas: 

  • Minimizar el asunto

Con esta estrategia pretende convencerte de que lo que planteas es tan insignificante que no merece la pena siquiera hablar de ello. Y si insistes en hacerlo, eres irracional y estás exagerando.

Quizá escuches algo así como «no vamos a tener problemas por eso…», «te pones así por cosas tuyas, yo no he hecho nada malo». Otra opción es negar incluso que sucedió. Lo que estás poniendo sobre la mesa, que tanto te molestó, es tan tonto e insignificante que la otra persona ni siquiera lo recuerda… Ante esta situación, lo más probable es que te retires, sintiendo que igual ha sido cosa tuya y has exagerado un poco…

  • Desarmarte

Esta jugada trata de convencerte de que tu problema con ellos es irracional y es  únicamente cosa tuya. Usando estrategias pasivo-agresivas o una comunicación abiertamente agresiva trata de desestabilizarte. Pucheros, lágrimas, un comportamiento dramático o victimista… O un tono de voz elevado acompañado de gestos amplios e invasivos. Todo vale. Incluso las disculpas. Pero ¡cuidado! si aparecen disculpas, poco tendrán que ver con aquello de lo que iba la conversación… Serán algo más amplio, general y extremo, algo así como «¡Siento ser una persona tan horrible!», «Lamento haberte arruinado la vida». 

El objetivo es que te sientas mal por haber sacado la cuestión a relucir, convencerte de que no tiene sentido que pienses que cometió ningún error, porque es inocente. Más inocente que nadie. Al final, puedes llegar a pensar que eres un/a chungo/a o egoísta por sentirte mal por su comportamiento. El problema no lo causó la otra persona, lo originas tú por enfadarte. Y él/ella, sólo es tu víctima. Nunca hizo nada malo.

  • Cambiar el foco

Esta estrategia se usa para distraer la atención y entretenerte con otros asuntos. Cuando se da cuenta de que tu preocupación y malestar se centran en un fallo suyo, contrarrestará tu crítica con otra.

Intentará que la conversación de un giro hacia lo que tú has hecho mal o el daño que tú les has hecho con tu actitud. E incluso si hay algo de cierto y has cometido errores, de nada servirá que los asumas y te disculpes. Su objetivo es asegurarse de que la cuestión sean tus defectos, no los suyos.

Quizá, después de un rato, acabes pidiendo disculpas y prometiendo un cambio de actitud y de conducta, olvidando tu intención inicial. Y te preguntes cómo has podido comportarte de forma tan injusta. Ya está, conseguido: Te ha liado.

  • Justificar el comportamiento

Esta jugada pretende hacerte creer que su comportamiento está justificado y es plenamente válido. Quiere convencerte de que, incluso si han hecho algo mal, su comportamiento contaba con autorización y no tiene que disculparse. 

Los maltratadores utilizan esta estrategia para convencer a sus víctimas de que el abuso estaba justificado por algo que la víctima dijo o hizo. Se lo merecía. Lo provocó. Fue culpa suya.

Y, para tu desgracia, esto va a ser todo lo cerca que esta persona va a estar de admitir que ha hecho algo malo. Este reconocimiento parcial de responsabilidad no significa gran cosa, puesto que, dado que te va a convencer de que lo que hizo es válido y tiene sentido, se va a librar de las consecuencias igualmente. 

¿Qué hacemos entonces?

Una persona que emplea estas estrategias es alguien emocionalmente frágil e incapaz de afrontar los problemas de manera madura y efectiva. Debido a su dificultad para crear vínculos sanos y participar en relaciones de afecto y respeto mutuos, su capacidad para crecer, evolucionar y cambiar es limitada. Sus relaciones serán inestables, insatisfactorias y sin una auténtica conexión emocional.

Quizá no tenga demasiada conciencia de las estrategias disfuncionales que emplea, sin embargo es, seguramente, una persona tan herida, tan vulnerable y asustada de que se la reconozca como alguien imperfecto que hará todo lo que esté en sus manos para evitar rendir cuentas. Consciente o inconscientemente.

¿Puede cambiar? Pues, como siempre, depende de la persona. Hace falta una gran fortaleza y madurez emocional para hacer frente al trauma que originó esa gran dificultad para reconocer sus propios fallos. La terapia, ya sabéis, es de valientes. 

También a ti te va a hacer falta una enorme atención y fortaleza para lidiar con sus estrategias, ver más allá de sus jugadas y no perderte en sus enredos. Aun así, la situación puede no mejorar. Pueden ocurrir dos cosas: que asuma su responsabilidad y se ponga manos a la obra o que sus estrategias se vuelvan más agresivas y la situación empeore para quienes tiene cerca…

La construcción de una relación sana, satisfactoria, profunda y emocionalmente conectada requiere del compromiso y dedicación de todas las partes implicadas. Para poder aportar mi parte, tengo que mirarme al espejo y ver mis propias cicatrices. Reconocerme como alguien vulnerable e imperfecto. A partir de ahí, construimos. 

Si no estamos dispuestos a eso, no podemos acusar a los demás cuando decidan alejarse…

Aprendiendo a convivir con la diferencia

Quienes tenemos mascotas sabemos bien lo mucho que enriquecen nuestra vida: Se convierten en parte de la familia y en fuente de momentos tiernos y divertidos.

A través de la relación con ellos, aprendemos lecciones valiosas sobre la convivencia y sobre la vida. Sin embargo, no todos los animales tienen la suerte de dar con una familia acogedora y convivir con humanos que los cuiden…

En este corto, protagonizado por un gato callejero y un pitbull sometido a malos tratos, hay ocultos múltiples mensajes: El respeto a los animales, el obstáculo que suponen los prejuicios, la paciencia y la tolerancia de las diferencias en la construcción de la amistad, la importancia de una buena compañía cuando la vida no nos sonríe…

Espero que lo disfrutes.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=AZS5cgybKcI&w=560&h=315]

Violencia de género en la adolescencia: Materiales para padres y docentes

En otras ocasiones hemos hablado de cómo la violencia de género, lejos de estar extinguiéndose en las generaciones que vienen, es una realidad muy frecuente entre nuestros jóvenes. Mucho más de lo que sus padres y madres se imaginan.

No comparto eso que he oído decir a algunos padres recientemente «la culpa es del reggaetón». Ni del reggaetón ni del chachachá. La violencia de género es un fenómeno complejo y multifactorial que hunde sus raíces en una sociedad basada en un sistema patriarcal donde las desigualdades entre hombres y mujeres se filtran de múltiples maneras en nuestro día a día. Y los chavales y chavalas se ven inmersos, desde muy jóvenes, en relaciones caracterizadas por marcados desequilibrios de poder.

El Instituto Andaluz de la Mujer de la Junta de Andalucía han desarrollado, de la mano de grandes expertos en el fenómeno de la Violencia de Género, unos materiales específicos para que, desde los distintos entornos en que los y las jóvenes se mueven, se pueda detectar la VG desde sus primeras manifestaciones.

acosar controlar violencia genero

Muchas veces quienes descubren la realidad de estas relaciones se sienten frustrados al tratar de confrontar a su persona querida, a quien ven sufrir, de lo poco sana que es la relación. Con las mejores intenciones, se llevan a cabo medidas que resultan contraproducentes: sermones, castigos y sanciones, ultimátums… Que, en lugar de hacer sentir a la parte implicada comprendida y apoyada, acogida y capaz de tomar decisiones, la alejan más de su entorno, aislándola y convirtiendo la relación insana en el eje en torno al cual gira su vida social y emocional…

Esta documentación gratuita está diseñada para proporcionar alternativas más efectivas: ofrece pautas de intervención para una adecuada comunicación, acogida, orientación, derivación y acompañamiento a las chicas en situación de violencia de género.

Aquí puedes descargar la documentación para familiares:

Si eres profesional de la educación, ésta es la guía específica para vosotros:

 

Confiamos en que el material os será de utilidad. Nos encantará leer vuestra opinión en los comentarios.

¡Hasta el próximo post!

cactus globo violencia genero

Tu fuerza nos hace más fuertes: El discurso interno

Cuando nos vemos en una situación estresante, que nos genera preocupación o miedo, y hacemos balance de nuestros recursos para afrontarla, nos decimos un montón de cosas.

¿Qué sueles decirte tú? ¿Te ayuda a seguir adelante o te bloquea?

¿Reconoces de quién es ese discurso? ¿Dónde aprendiste tú a lidiar así con la preocupación?

motivacion ilustracion psicologia discurso internoMuchas veces, al responder a estas preguntas, nos encontramos con que eso que nos decimos se parece sospechosamente a lo que nos dijeron mucho tiempo atrás, en situaciones seguramente diferentes, que despertaron en nosotros las mismas sensaciones físicas y emociones similares: incertidumbre, inseguridad, temor…

La manera en que los adultos que nos cuidan, normalmente nuestros papás, gestionan sus propias emociones y nos ayudan a regular las nuestras deja una huella importante en nosotrxs.

Hoy os traigo un anuncio. Sí, es una campaña de publicidad, pero no quiero venderos nada. Solamente pretendo que me acompañéis en la reflexión sobre el poder de las palabras que usamos para ayudar a los peques, y a los no tan peques, a gestionar su mundo emocional. Ese discurso que utilizamos para narrar la experiencia de lxs niñxs se convertirá más adelante en su propia voz, que les insuflará fuerza y confianza para seguir motivadxs o los empujará al abandono y la desesperanza.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=zaxPToLSDS0&w=560&h=315]

 

¿Cuál es tu experiencia? ¿Qué te decían a ti? ¿Se parece eso a lo que ahora te dices tú? ¿Qué te hubiera gustado oír de tus adultos cuando eras niñx?

 

Visibilizando la homosexualidad: In a Heartbeat

¿Recuerdas tu primer amor de verano?

El protagonista de esta historia sí. Y desde luego, hizo grandes esfuerzos para tratar de mantener bajo control sus sentimientos. Pero el corazón a veces va por libre, y nos enamoramos de quien no deberíamos…

Es la primera vez que veo un corto de animación que aborda la atracción por personas del mismo sexo de forma tan tierna, entrañable y sin tópicos. Arturo Cardelús, gracias por representar esa situación que muchos chavales viven y el tornado de emociones que lo acompañan.

¡Feliz verano, amores!

Consejos de un pastelito: Relaciones tóxicas

A veces me encuentro cosas encantadoras en las rrss. Hoy comparto con vosotros algo muy cuqui y, además útil:

Consejos de un Cupcake (que no es otra cosa que una magdalena con un tocado de colores) @TheGoodAdviceCupcake nos da una idea fantástica para lidiar con las relaciones tóxicas.

https://www.facebook.com/BuzzFeedMexico/videos/2157342470948136/

¿Qué te parece?

Por desgracia, a veces no es tan sencillo…

Puedes encontrar más consejos de este simpático personaje en su perfil de Facebook.

¡Hasta el próximo post!

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Sobre rupturas: «¿Cuánto tiempo voy a estar así?»

Hace unas semanas hablábamos de las relaciones fallidas, los efectos de una ruptura, las ideas que se nos pasan por la cabeza y el gran aprendizaje que, después de un tiempo, podemos extraer de la experiencia. ¿Lo recuerdas? Puedes consultarlo aquí.

El desamor es una experiencia universal que nos afecta de múltiples maneras. Además del dolor emocional, podemos sentir una desagradable falta de control. La angustia y la tristeza se apoderan de nosotros y, entre las muchas preguntas que nos asaltan, entre toda la maraña de incertidumbre, aparece reiteradamente  ¿pero cuándo se me va a pasar? ¿cuánto tiempo estaré así?

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Si estás en este punto, tengo una buena y una mala noticia. ¿Por cuál empezamos?

Bueno, la buena es que no vas a estar así para siempre. Te lo prometo.

La mala, que nada que merezca la pena se consigue de la noche a la mañana. Y, desde luego, los cambios psicológicos son asuntos importantes.

Seguro que te ha ocurrido, o que conoces a alguien que haya pasado por la experiencia de intentar por todos los medios conseguir dejar de sentirse mal. Precisamente ese planteamiento, el de forzar el bienestar, el olvido, la curación, es una de las peores cosas que podemos hacer.

No pienses en un elefante rosa. Por favor, no lo hagas.

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Ni se te ocurra. Puedes pensar en cualquier cosa menos en un elefante rosa.

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¡Que te he dicho que no! Nada de elefantes rosas, ¡Te lo prohíbo!

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Puedes echarme la culpa si pasas las próximas horas pensando en elefantes rosas. La mente es así, y cuanto más intentemos evitar una cuestión, mayor relevancia y presencia tendrá en nuestras vidas. Precisamente por eso, el hecho de que te haya propuesto este pequeño ejercicio y haya insistido en la prohibición de dirigir tu mente hacia esos hermosos paquidermos rosados, nos sirve para ilustrar cómo nuestra cabeza, inevitablemente, va a llevarnos hacia aquello que queríamos evitar.

Tratar de olvidar algo por todos los medios es la mejor garantía para tenerlo presente.

En el caso de una relación, el tiempo, las experiencias y los sentimientos vividos dejan una huella muy poderosa que no va a desaparecer por el mero hecho de que insistamos en ello.

No, no puedes enviar a tu ex a la papelera de reciclaje y luego vaciarla. Puedes intentarlo, y ojalá diera resultado, pero no funciona así.

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El tiempo, pero no el tiempo que pasa, sino el tiempo que vives, es la clave en la superación de cualquier asunto doloroso. Dicen que lo cura todo, pero no es verdad.

El tiempo no cura nada. Te curas tú, mientras el tiempo pasa.

Vale, hasta aquí todo claro, pero… ¿Cuánto puede durar ese tiempo?

Recientemente se ha publicado en la revista Evolutionary Behavioural Sciences una investigación desarrollada por la University College London y la Binghamton University. Recogieron datos de más de 5.000 personas procedentes de 96 países. ¡Cuántos corazones rotos!

De acuerdo con sus resultados, en la mayoría de los casos las personas necesitan entre 6 meses y dos años para considerar que han superado la amarga experiencia de la ruptura.

¿Te parece mucho? ¿Poco?

Como en todas las investigaciones, hay variables que influyen en el tiempo que las personas tardamos en reparar nuestro corazón roto, y al parecer el género es una de ellas. Llegaron a algunas conclusiones interesantes:

  •  Las mujeres sufrimos con más intensidad en los primeros momentos, pero también nos recuperamos antes.
  • Los hombres tienden a comenzar una nueva relación sin haber superado del todo la ruptura anterior.

¿Coincide con tu experiencia?

Explican los investigadores que estas diferencias tienen que ver con que, por lo general, las mujeres invertimos más en cada relación por cuestiones que tienen que ver con la maternidad y otros temas tradicionalmente vinculados al género femenino. También concluyen que los hombres tienen una mentalidad más competitiva, como si constantemente estuvieran sometidos a la presión de atraer nuevas parejas. Como suele ocurrir con los resultados de estas investigaciones, los resultados son globales y seguramente haya una enorme variabilidad entre el grupo de mujeres, así como en el grupo de hombres. No nos lo tomemos como algo personal: Son datos generales. Después, cada uno tiene su experiencia , sus motivos, su historia…

Una variable crucial, tanto para hombres como mujeres, es la resiliencia.

Este concepto viene del mundo de la física, donde se usa para referirse a la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse para recuperar su forma original. Los psicólogos lo tomamos prestado y lo usamos para hacer referencia a la capacidad que tenemos para superar circunstancias difíciles y crecer tras la experiencia.

Resiliencia flor en la nieve

Volveremos sobre esta cuestión en otro post. Hasta entonces, ¡cuéntanos!:

  • ¿Coincide esto con tu experiencia?
  • ¿Qué estrategias has utilizado tú para superar alguna ruptura?

 

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Peter Pan y Wendy… ¿Un final feliz?

 

 

La receta de la Felicidad

Mucho se ha escrito y mucho se habla de alcanzar la felicidad. Es la Piedra Filosofal, el Santo Grial, la meta que todos, cada cual por su camino, deseamos alcanzar.

Y parece tan difícil ser feliz…

Hay un profesor de Psicología y Filosofía en la Universidad de Harvard que, haciendo de la ciencia su instrumento, ha convertido la felicidad en su bandera y, dada la demanda de tan preciada receta, ha publicado diversos títulos de gran éxito, como «Elige la vida que quieres» o «Practicar la felicidad». Su nombre es Tal Ben-Shahar, y sus ingredientes, mucho más sencillos y accesibles de lo que imaginas: relaciones sólidas, gratitud, rutinas cotidianas, estar presente y manejo de emociones negativas.

Entonces, ¿se puede aprender a ser feliz? Y si se puede aprender… ¿podremos enseñar a las próximas generaciones a serlo?

Sí, rotundamente.

Estoy segura de que, después de escucharle, se te ocurrirán varias cosas que puedes comenzar a hacer esta misma semana, quizá ahora mismo, para empezar a construir esa felicidad.

¡Adelante!

 

Tómate un momento:

¿Qué es para ti la felicidad? ¿Qué estás haciendo para acercarte a ella? ¿Te boicoteas de alguna manera cuando parece que vas a conseguir lo que crees que te haría feliz?

Me encantará que compartas conmigo tu opinión y tus inquietudes al respecto.

Y, si eres de los que se sabotean… Tal vez te interese leer un antiguo post sobre el Complejo de Jonás.

¡Hasta el próximo post!

Cuando fracasar no es un fracaso: Relaciones fallidas y otros asuntos del corazón

Tanto dentro como fuera de la consulta me encuentro constantemente con personas a las que han roto el corazón.

También yo he pasado por eso. Y es que los psicólogos, aunque no os lo creáis, somos humanos. Y tenemos papás, hermanos, tíos, primos, hijos y parejas. Y nos enfadamos, lloramos, perdemos los papeles de vez en cuando… Y sí, ¡También nos enamoramos! Por desgracia, tampoco para nosotros hay garantías de que las cosas vayan a ir bien, pues mantener una relación de pareja, como cualquier tipo de relación, requiere de un trabajo constante, respeto por el otro, atención a las necesidades de las dos partes implicadas… Como te imaginas, como seguramente hayas experimentado, con quererse no basta.

tristeza ruptura corazónY las historias se acaban. Y la mayoría de las veces, uno sale herido sin importar el papel que haya desempeñado. Dejado o dejador, ningún rol es fácil. Creo, sinceramente, que ninguna ruptura es bonita. Aunque uno lo vea desde otro prisma con el tiempo y la experiencia y a veces hasta dé gracias por que esa relación haya finalizado. Incluso si con el tiempo se recuerda con cariño a la otra persona. Romper duele. Y a veces, muchísimo.

La cuestión es, y es de lo que va el vídeo que quiero compartir hoy con vosotros, que a veces uno se siente un fracasado. Y no. El verdadero fracaso es continuar en una relación en la que no te sientes a gusto. Es mirar para otro lado cuando hay señales de que es necesario revisar y cambiar la manera de relacionarse. Es no tomar decisiones. Ése es el verdadero fracaso.

Pablo Piñeiro, un joven polifacético y enamorado del amor, nos habla en esta charla TEDx de su experiencia escuchando historias de personas que, como tú y como yo, han pasado por ello y nos cuenta sobre el aprendizaje del amor y el desamor. Desde la humildad y el humor, nos lleva a sacar conclusiones constructivas de una experiencia que puede ser muy dolorosa, pero vista con otra luz, puede enseñarnos mucho.

 

 

¿Qué opinas tú? ¿Has extraído alguna lección importante de tus rupturas?

Me encantará leer vuestros comentarios.

¡Hasta el próximo post!