La hiperproductividad en tiempos de confinamiento

Muchos de nosotros llevamos cerca de tres semanas en casa, saliendo lo justito dentro de los márgenes que el estado de alarma permite.

Este dichoso virus ha hecho realidad lo que tantas veces habíamos expresado como deseo: ¡Qué ganas tengo de estar en mi casa!. Pues hale, dos tazas.

Una situación como ésta tiene la potencialidad de desencadenar reacciones de todo tipo. Una de ellas, muy común, es la hiperactividad. En los primeros días se pusieron en marcha cientos de iniciativas para mantenernos entretenidos. No sé si entretenidos u ocupados: Bibliotecas digitales interminables, teatro y conciertos online, clases y cursos de todo lo que os podáis imaginar, quedadas en la ventana para aplaudir, para el vermú… Todo esto está fenomenal, pero ¿qué pasa si lo que el cuerpo te está pidiendo es no hacer nada?.

Este confinamiento, no lo olvidemos, tienen un sentido: Ponernos a salvo e intentar aplanar esa dichosa curva con la que se nos bombardea desde los medios de comunicación. Y, si es necesario protegernos, es porque hay un peligro: una amenaza real para nuestra salud y nuestra vida (no voy a hablar de la economía, de eso que se ocupen otros). Nuestro organismo tiene tres formas básicas de funcionar ante una amenaza, las 3F de los angloparlantes: Lucha (Fight), huida (Flight) y bloqueo o parálisis (Freeze). Tienes una explicación estupenda aquí:

Parece que la sociedad en que vivimos, que valora y ensalza la productividad por encima de todo, nos impulsa a llenar este tiempo de actividades. Y si no aprovechamos para hacer un curso a distancia, practicar ejercicio a diario, aprender a tocar la guitarra, participar en un challenge y subirlo a las redes sociales, preparar comida casera, leer todos los libros que teníamos pendientes, engullir un par de series y replicar la receta de bizcocho de la abuela, parece que no estamos haciendo nada.

¿Pero qué pasa si no me apetece hacer nada?

Pues nada. No pasa nada. De verdad.

Considero que es necesario, en un momento así, que nos paremos a pensar si estamos haciendo lo que de verdad nos apetece o nos estamos dejando arrastrar por la vorágine y la presión social. Lo que para algunos puede ser una fuente de motivación e ideas para el entretenimiento, para otros, que no se sienten identificados con las actividades o, sencillamente, no les apetece, puede ser causa de frustración, ansiedad y… (¡Oh, sí, mi favorita!) ¡Culpa!.

Para. Por favor, para y escúchate: ¿Es toda esa actividad una manera de huir de lo que estás sintiendo?

Lo que está ocurriendo en estas semanas sacude fuertemente nuestros sistemas de protección normales, afectando a nuestra sensación de control, conexión y significado y activando un montón de emociones a las que hay que dar cabida. Y en eso, el cuerpo manda

Haz un poco de caso a tu cuerpo y dale lo que pide. Si sientes que no estás haciendo nada, lo más probable es que estés cuidando de ti. Y en un mundo tan centrado en producir, en ser y aparentar, en que se vea, el autocuidado pasa desapercibido.

Fíjate, ¡Y tú sintiéndote culpable por desaprovechar el tiempo!. Estás desaprendiendo una lógica impuesta por un sistema que invisibiliza los cuidados. Estás volcándote en lo esencial y cerrando tus oídos al ruido atronador que viene desde fuera. Estás cuidando de lo esencial.

A lo mejor hoy te has quedado un poco más en la cama, disfrutando del calorcito y la suavidad de tus sábanas.

Te has aseado y has preparado un buen desayuno.

Te has echado crema en esas manos, que ya se sienten resecas por tanto jabón y gel hidroalcohólico.

Has llamado a un amigo, a tu abuela, a tu padre o a tu prima.

Has hecho algunas respiraciones profundas, porque has notado esa punzada en el pecho que te avisa de que algo no está yendo bien… Y la sensación se ha suavizado.

Has recogido la manta que anoche dejaste en el sofá y has disfrutado de los mimos de tu mascota.

Has saludado a la vecina desde la ventana y le has dicho que le sienta bien el rojo de su camiseta.

A lo mejor has hecho todo eso y unas cuantas cosas más, y en tu cabeza está sonando la vieja melodía de la culpa: Otro día más que no he hecho nada… Vamos a revisar ese discurso interno y contarnos la historia de otra manera. No olvides que, como hemos hablado otras veces, el lenguaje que utilizamos modela nuestra forma de pensar.

Espero de corazón que puedas disfrutar de ese “nada” que haces, que es lo que te mantiene con vida y te permite mantener lubricados los engranajes que hacen que puedas desarrollar todo lo demás.  Y espero, también, que todo esto nos sirva para desaprender y colocar el autocuidado en el lugar que le corresponde: el centro de nuestras vidas.

¡Cuídate mucho!

Indetectables: Desmitificando el VIH

El pasado mes de Noviembre se estrenó Estigma, del director David Velduque, y con él, la segunda temporada de la serie Indetectables. Se trata de una proyecto multidimensional que, con el soporte de la organización Apoyo Positivo, tiene como objetivo la sensibilización sobre VIH, salud sexual y la lucha contra la discriminación de personas diversas.

Cada temporada consta de cinco capítulos que abordan la realidad de las personas afectadas por alguna de las temáticas.

Es necesario hablar de estas cuestiones para hacerlas visibles, y concienciar no desde el miedo, sino desde el conocimiento.

Si te apetece echarle un vistazo a la primera temporada de Indetectables, me encantará conocer tu opinión:

Capítulo 1: YO TAMBIÉN

 

Capítulo 2: RENOVARSE O MORIR

 

Capítulo 3: LA EVIDENCIA

 

Capítulo 4: ALTO RIESGO

 

Capítulo 5: IN THE WALL

 

Unos meses atrás, en la XVIII Jornada AVASI organizada por el Comité Ciudadano Anti-Sida del Principado de Asturias tuvimos ocasión de contar con profesionales de distintas disciplinas (inmunología, enfermería, sexología, trabajo social e igualdad de género entre otras) que aportaron su experiencia para contribuir a concienciar sobre estas cuestiones y desmontar algunos mitos muy extendidos:

  • La mortalidad y la morbilidad han descendido notablemente, y el pronóstico de vida se acerca a la media de la población general.
  • La falta de características físicas específicas en las personas infectadas y el buen estado de la mayoría hace que se pierda el miedo y, especialmente los más jóvenes, se crean inmunes a la hora de contraer la infección. La realidad es que todos podemos estar infectados, por lo que hacerse la prueba, además de barato y anónimo, resulta esencial. 
  • Si la embarazada es tratada antes y durante el embarazo, la transmisión vertical de madre infectada a su bebé es casi nula.

Los mejores métodos para evitar la infección son:

  1. Prevención
  2. Prevención
  3. Prevención

Por eso, usa siempre preservativo. No compartas objetos que puedan contener sangre y no olvides que…

Hay grandes avances en la calidad de vida de los infectados, pero hasta ahora no hay cura de la infección, sólo control de la viremia.

Aún queda mucho que hacer en lo que respecta a la educación sobre salud sexual. Son muchos los estigmas y los mitos que romper respecto a la sexualidad.

 

Kit de supervivencia psicológica

Cuando tenemos un dolor físico acudimos rápidamente a nuestro botiquín en busca de algo que nos pueda aliviar: yodo o agua oxigenada para limpiar la herida, tiritas, gasas y esparadrapo para protegerla, algún calmante para aliviar la molestia… Sin embargo pocos de nosotros tenemos un “botiquín” para el malestar psicológico o emocional.

Cada uno de nosotros es distinto, y puede tener ciertas preferencias a la hora de cubrir sus necesidades en los malos momentos: hay quien prefiere pasar un rato a solas, otros prefieren estar acompañados. Algunas personas necesitan moverse, tener contacto con otros, estar en espacios abiertos, mientras que otros eligen la calma y una compañía silenciosa. Cada persona sabe qué es lo que mejor le sienta para recuperar la serenidad. Después de todo, nadie te conoce mejor que tú mismo. 

A fin de romper tabús relacionados con la salud mental, consideramos que herramientas como este kit, que cada uno puede personalizar en función de sus necesidades y preferencias, resultan fundamentales. Poder hablar de lo que te está pasando y lo que necesitas es el primer paso para reducir tu sufrimiento y aporta tranquilidad.

Aunque cada kit puede, y de hecho, debe ser distinto, hay algunos aspectos fundamentales a tener en cuenta en cualquier momento de crisis:

  • Las personas que acompañan y tratan de ayudar deben cuidarse también. Al igual que cuando se interviene en un accidente de tráfico, lo primero es ponerse uno mismo a salvo. Aquí no hay chaleco reflectante, pero sí es importante tener presente la necesidad de autoprotección.
  • El respeto por la otra persona y su autonomía. Nada de imponer. Nada de coaccionar. Una actitud paternalista no ayuda en estos momentos.
  • Cuidar las necesidades básicas: sueño, alimentación, higiene. Todo se ve más difícil cuando estamos cansados, hambrientos o necesitamos hidratarnos.

supervivencia psicología crisis

El kit que aquí presentamos como modelo es frecuentemente utilizado en grupos de apoyo mutuo para personas que padecen esquizofrenia. Su autora, Audre Lorde, nos recuerda:

Cuidarme no es ser autoindulgente, es auto preservación,

y esto es un acto político de bienestar.

Vamos allá:

 

Primero cuídate tú: 

Si la situación te desborda, busca a alguien que se sienta bien con lo que está sucediendo. Decir «no» es un acto de amor. Estoy mejor solo que con alguien que no se siente bien estando conmigo.

  • Tus necesidades siempre van primero. En mi experiencia apoyando a otros, me ha ayudado tomar una pausa regularmente para conectar conmigo mismo y  mis necesidades.
  • Si está asustado por la posibilidad de «cometer un error» o de «no hacerlo lo suficientemente bien», tenga en cuenta que siguiendo este plan todo irá bien. El hecho de estar aquí conmigo es el  99% de lo que necesito.

CÓMO INTERACTUAR CONMIGO

1. Respeta mi espacio

  • Si actúo de forma desafiante (si te miro de soslayo, evito el contacto visual, escondo mi cara…) respeta eso, permíteme el espacio y el silencio que necesito. No me fuerces a mantener el contacto visual directo.
  • NO ME TOQUES SIN PREGUNTARME ANTES y espera a que te responda  antes de hacer nada.

2. Autonomía

  • Permíteme decidir qué necesito y actúe según mis respuestas, no según lo que tú piensas que yo necesito.

3. Honestidad y claridad

  • Sé honesto conmigo y contigo mismo. No me mientas. No me hagas promesas que no puedas cumplir.
  • Si necesitas irte, dime si volverás o cuándo lo harás.

CÓMO HABLARME

  • Utiliza frases cortas y deja largos silencios. No me hables como a un niño, aún así soy un adulto y entiendo lo que me dices. No hables como si yo no estuviera ahí.
  • No me digas cómo me estoy sintiendo y no digas que lo que me está pasando/lo que estoy pensando/lo que estoy sintiendo no es real/verdadero. 
  • No hagas bromas ni te rías de mis síntomas.
  • Pregúntame simplemente «¿cómo te sientes?». Enséñame o léeme  la parte de este documento donde se puede ver qué necesitaría yo ahora mismo (o no me hables si te siente mejor así).

RIESGO DE AUTOLESIONARME

  • El 90% del tiempo estoy distraído (escucho o veo cosas). Ten cuidado con los coches, trenes, ventanas y objetos afilados .
  • Si hablo de algo que implique un riesgo de hacerme daño a mí mismo, no discutas sobre por qué no es una buena idea, limítate a decirme:  «Creo que eso no es una buena idea».

COMIDA

  • No me fuerces a comer o beber cualquier cosa. Las _____________ y el ______________ normalmente me sientan bien.  (preferencias personales)

RECUERDA:

(Puedes enseñarme ésto o leérmelo y aconsejarme para subrayar o escribir lo que necesito ahora mismo):

  • Todo lo que siento es legítimo.
  • Sentirse vulnerable e indefenso está bien.
  • Soy un milagro.
  • Beber agua a menudo.
  • Ir a orinar.
  • Comer cada 8 horas.
  • ¿Llevo despierto más de 18 horas? Intentar acostarme y que duerma.
  • Responder los mensajes. Enviar un mensaje para explicar que ahora mismo no puedo responder llamadas de teléfono.

Y ahora necesito recordar:

QUÉ ME HACE SENTIR BIEN

  • El juego de los colores, contar cada objeto azul que hay alrededor de mí.
  • Agua: lago, ríos, un baño, una botella de agua caliente, una taza de té.
  • Árboles: bosques, parques.
  • Experimentar un contacto intenso y sentirme escondido: estar estrechamente abrazado a alguien en quien confío bajo una sábana o una chaqueta, esconderme en un armario, bajo una cama, o bajo una mesa.
  • Balanceo: estar siendo suavemente balanceado.
  • Oler a mi gente querida o ropas que tengan el olor de mi gente querida.
  • Comer puré de patatas, plátanos aplastadas, mantequilla de cacahuete.
  • Mirar a las esculturas cinéticas de Anthony Howe en Youtube. O mirar una lavadora.
  • Escuchar una historia.

EN ESTE MOMENTO NECESITO…

(Valorar cuál de las opciones anteriores puedo realizar y puede serme de utilidad ahora)

primeros auxilios psicológicosTal vez cada uno de nosotros, en función de nuestra situación y nuestras necesidades, podamos elaborar nuestro propio kit individualizado. Aunque a la persona que elaboró este kit le hacía bien comer plátanos o decirse a sí misma que era una superviviente, tal vez a otros nos siente bien un té, una habitación con una luz tenue y un poco de música suave.  Al igual que este botiquín cambia de una persona a otra, también puede cambiar en distintas etapas de nuestra vida: podemos revisarlo y actualizarlo de vez en cuando.

Esta cosas, aparentemente tan sencillas, muchas veces se pierden de vista cuando nos encontramos en un momento de mucho malestar emocional. Por eso puede ser útil tenerlas por escrito e informar a las personas que tratan de apoyarnos y acompañarnos.

¿Qué necesitas tú para recuperar la calma en un momento de crisis?

¿Cuáles son los imprescindibles en tu botiquín emocional?

¡Nos vemos en el próximo post!

 

 

¿Cómo afecta a la salud el trauma en la infancia?

Si hubiera una variable en común en 7 de cada 10 muertes, ¿valdría la pena estudiarla?

Bien, la hay. Se trata del trauma en la infancia.

La pediatra Nadine Burke, fundadora del Center for Youth Wellness, (Centro de bienestar juvenil) en California,  nos habla del poderoso efecto que el estrés en la infancia debido a situaciones de abuso o negligencia tiene sobre el desarrollo del cerebro. Y no, no se trata de algo que se supere al crecer. La violencia doméstica, la enfermedad mental o el abuso de sustancias de los padres tienen efectos cuantificables a largo plazo: las posibilidades de sufrir depresión, adicciones, enfermedades de corazón o cáncer de pulmón se multiplican en las personas que han sufrido altos niveles de trauma.

El trauma, más común en la infancia de los que queremos creer, tiene un profundo impacto en el desarrollo cerebral de los niños y, a largo plazo, en la enfermedad adulta.

 

¡Vamos a la playa!: Lo que el mar puede hacer por tu salud

¿Conoces esa sensación de calma y paz que sientes cuando estás en la playa? No te la estás inventando. Algunos investigadores la han estudiado, y se han referido a ella como el “espacio azul”. Es resultado de la combinación que los olores y sonidos del agua tienen sobre tu cerebro, que reacciona a ellos haciéndote sentir contento, relajado y lleno de energía.

¿Qué tiene el mar que nos sienta tan bien?

El agua es, para muchas culturas, la cura natural a los estresores cotidianos. Se dice que está cargada de iones positivos que nos hacen sentir en calma. Tal vez esto explique la sensación de bienestar que nos invade cuando nos bañamos, nadamos o sencillamente ponemos los pies a remojo en la orilla.

La teoría del color también tiene algo que ver con esto: Estar en un lugar azul nos aclara la mente y favorece la creatividad. Si estás dándole vueltas a algo, ve a pasear por la playa. Quizá encuentres soluciones alternativas. El vaivén de las olas, como la respiración durante la relajación o la meditación, desencadena un respuesta de calma que nos ayuda a concentrarnos.

La playa también puede funcionar como antidepresivo. El sonido hipnótico del mar combinado con las vistas y los olores playeros puede ayudarnos a pensar con claridad y distanciarnos de las preocupaciones del día a día.

Existe evidencia científica que demuestra que vivir cerca de espacios azules aumenta nuestro niveles de actividad física. También reafirma los beneficios de estos espacios sobre la salud mental, especialmente sobre la reducción del estrés, y el bienestar autopercibido.

Pasar tiempo en la naturaleza se considera, en general, un elemento relevante en la calidad de vida percibida, así que, si tienes unas horas libres, ¡no lo dudes! Aprovecha de ese recurso que algunos tenemos tan cerca.

Si quieres saber más sobre los beneficios de los espacios azules sobre nuestra salud, te recomiendo que leas la revisión de 35 estudios realizada por el Instituto de Salud Global de Barcelona, publicada en el International Journal of Hygiene and Environmental Health.

Y si te apetece compartir tu experiencia, estaré encantada de leer tus comentarios.

¡Hasta el próximo post!

El duelo, ¿exclusivamente humano?

En varias ocasiones hemos hablado del duelo: Sus tareas, sus etapas, su función y las emociones que acompañan el proceso.

Sin embargo, algo que hasta ahora no hemos mencionado es que esta respuesta, reacción normal y natural ante una pérdida, no es algo exclusivamente humano.

Los humanos no somos tan especiales como nos gusta creer.

En el mundo animal también hay ejemplos, tanto de duelo como de luto. Entendemos por luto la aflicción por la muerte de una persona querida, que manifiesta con signos externos visibles: comportamientos sociales y ritos religiosos.

Los elefantes, por ejemplo, se despiden tocando el cuerpo del fallecido con su trompa.

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Los delfines pasan días acompañando y protegiendo el cuerpo de su fallecido. Cuando la pareja de un ganso muere, éste pasa el resto de su vida viudo y no vuelve a procrear.

duelo luto funeral pérdida muerte perro cementerio psicologo gijonSe conocen casos de perros que han rastreado la tumba de sus amos y han permanecido allí, en muestra de su lealtad y afecto, durante meses.

¿Y qué ocurre con nuestros primos hermanos, los primates? Algunas especies cargan con los cuerpos de sus crías fallecidas durante semanas, y todos ellos sienten y expresan la pérdida de un miembro de su manada.

En el experimento que compartimos hoy, un monito de juguete cae desde lo alto de un árbol. ¿Cómo reaccionará el resto?

https://www.youtube.com/watch?v=dlxcRzfSeVE

 

Date permiso para vivir tu duelo y sentir tu pérdida. Es parte del camino.

Y si necesitas ayuda, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

¡Hasta el próximo post!

¡Tócate las tetas!

Hace unos días hablábamos del cáncer. Bueno, para ser precisos, de las personas que padecen cáncer y, por concretar aún más, de cómo en ocasiones la comunicación entre ellos y la gente de su alrededor puede verse obstaculizada, entre otras muchas cosas, por el miedo y los prejuicios.

En aquel post, las protagonistas eran, como procuramos que sea siempre, las personas y sus relaciones. Porque yo sigo siendo yo, aunque tenga cáncer.

La enfermedad no anula mi identidad, no me arranca mis intereses ni me roba mis sueños. Si acaso, me los complica un poco. El cáncer puede acompañarme, como un invitado indeseado, durante un periodo de tiempo, pero no hace desaparecer todo lo que hace de mí una persona valiosa.

Precisamente, para que esta visita molesta sea detectada y permanezca con nosotros el menor tiempo posible, resulta fundamental la detección temprana.

Consideramos que la concienciación de la vulnerabilidad y la detección temprana son dos cuestiones en las que no se insiste lo suficiente. Hoy queremos compartir con vosotros un vídeo de MACMA (Movimiento Ayuda Cáncer de Mama) que, por lo útil, entrañable y polémico, nos ha parecido enormemente interesante.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=iZhn1kTKPYc&w=560&h=315]

 

Gracias, MACMA, por vuestro ingenio y vuestro sentido del humor a la hora de sortear la censura de las redes sociales y acercar esta cuestión tan relevante al público.

Y tú, ¡no olvides tocarte las tetas periódicamente!

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Violación: El cuerpo paralizado y la mente disociada

Esta semana millones de personas se han echado a la calle en protesta por la consideración como abuso, y no como violación, de un acto salvaje de agresión a una joven de 18 años por parte de cinco hombres adultos, dos de ellos pertenecientes a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.

JUSTICIAUno de los jueces, argumentando esta resolución, ha esgrimido argumentos escalofriantes que me hacen, una vez más, poner el grito en el cielo por la extrema normalización de la violencia en nuestra sociedad. No pienso reproducir aquí lo que todos nosotros hemos leído y escuchado en los informativos. Mi intención es, sencillamente, reflexionar sobre ello e ir un poco más allá de lo evidente.

Al parecer, es común creer que la reacción primaria ante un ataque es la lucha física. Revolverse, arañar, morder… Reaccionar de forma violenta en un intento de autodefensa. Como si, al ser atacados, nuestro instinto de supervivencia nos activara y nos impulsara a la acción. Se nos ha olvidado que, además de la lucha, las reacciones de huida y bloqueo son también fruto del instinto de supervivencia. Son entonces, tres las respuestas “instintivas” ante un ataque, esas que los angloparlantes denominan 3F: Fight, Flight, Freeze. Las tres han sido ampliamente estudiadas y documentadas en distintas especies animales. Todos nosotros las hemos sufrido en algún momento. No obstante, no parece ser suficiente.

Siguiendo un razonamiento básico (situación de peligro -> reacción de lucha), parece lógico pensar que una persona sólo puede ser violada si el agresor tiene más fuerza que ella. Pero no es así.

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Muchas de las víctimas de agresiones pueden experimentar una forma de parálisis involuntaria que impide oponer resistencia activamente.

La teoría polivagal de Porges resulta fundamental a la hora de comprender por qué en una situación amenazante que provoca una respuesta de estrés o miedo intenso, el cuerpo se paraliza y la mente se disocia, desconectándose para protegerse.

Esta “inmovilidad tónica” debería ser tenida en consideración a la hora de tratar situaciones de violencia, y por supuesto de violencia sexual, no sólo por parte del sistema jurídico, sino también por los profesionales sanitarios y los miembros de las fuerzas de seguridad que entran en contacto con las víctimas durante el proceso posterior a su agresión.

Ante una amenaza abrumadora, la parálisis es una reacción normal y coherente desde el punto de vista biológico.

Tan normal y tan coherente es esta reacción, que de las 298 mujeres que constituyen la muestra de un estudio realizado por el Karolinska Institutet de Suecia (publicado en Acta Obstetricia et Gynecologica Scandanavia), el 48% indicó haber padecido una inmovilidad tónica extrema durante la agresión sexual. El 70%, significativa.

La investigación va más allá: Los resultados arrojan una importante correlación entre la inmovilidad tónica durante el episodio de violencia sexual y la aparición de depresión aguda y estrés postraumático (TEPT) en los meses siguientes a la agresión.

Este fenómeno de parálisis entre las víctimas de violación no es nuevo. Ya en 1993 (hace 25 años), se publicaban estudios que lo recogían como una respuesta común. Porges enunció su teoría polivagal para el tratamiento del trauma en 1995.  Ya ha llovido, ¿no os parece?

La agresión sexual es una de las experiencias más traumáticas que una persona puede sufrir. Y sus secuelas se agravan aún más con la revictimización por parte del entorno, incluidos los especialistas en cuyas manos se deposita la salud de la víctima, su seguridad y protección y la justicia.

DIGNIDAD MAFALDA

A modo de recordatorio, incluimos una tabla con las diferencias entre abuso sexual y violación. Podéis sacar vuestras propias conclusiones.

ABUSO SEXUAL

VIOLACIÓN

·       Ambos son delitos sexuales tipificados y penados por ley.

·       Implican comportamientos de tipo sexual y agresivo que se llevan a cabo sin que una de las partes consienta.

·       Generan sensaciones de indefensión (la víctima ha sido agredida o alguien en quien confiaba se ha aprovechado de ellos), disminución de la autoestima, desconfianza y recelo hacia otras personas, alteraciones de la vinculación y la sexualidad, síntomas relacionados con la ansiedad y la depresión. Pueden generar estrés postraumático e intentos de suicidio.

 

Acto que supone la limitación de la libertad sexual de otra persona, sin que ésta consienta o pueda/tenga capacidad para consentir.

Realización del coito o acto sexual llevado a cabo mediante la fuerza o intimidación, no consintiendo una de las partes implicadas o no disponiendo de los medios para ser capaz de consentir.

No se emplea la violencia física, pero el abusador emplea la manipulación, engaño, sorpresa o incluso coacción para conseguir sus objetivos.

Existencia de penetración vaginal, anal o bucal.

Puede producirse o no contacto físico.

Ejemplos: toqueteos, masturbaciones, acoso, obligar a alguien a observar la realización de actividades de índole sexual o forzar a la víctima a mostrar su cuerpo valiéndose de una posición de superioridad

Agresión sexual en la que se produce contacto físico.

Objetivo: gratificación sexual + satisfacción de la necesidad de poder (el sexo se convierte en una forma de dominación de la víctima)

A modo de cierre, os dejamos un vídeo que nos recuerda a todos, ya que parece que a algunos aún les cuesta entenderlo, qué es y qué no es consentimiento.

Cáncer: Cómo hablar con personas que lo padecen

¿Podéis imaginaros cuál es la pregunta que con mayor frecuencia escucha alguien que padece o ha padecido cáncer?

Seguramente habéis acertado: “¿Cómo estás?”

La intención tras estas palabras es, por lo general, amable y bondadosa: es una muestra de interés por la salud de la otra persona. No obstante, si nos ponemos en la piel de la persona enferma, descubriremos que pueden no ser de ayuda o incluso provocar daño.

¿Cuál es la respuesta apropiada? ¿”Bien, gracias”?

Si nos responden que están bien… ¿le daremos credibilidad a sus palabras? ¿de verdad está bien? ¿y si no lo está? ¿le apetecerá compartir con nosotros cómo se siente? ¿será el momento adecuado?

paciente onco quimioterapiaAnte un diagnóstico de cáncer, muchos de nosotros quedamos mudos. De entrada, la sorpresa, la tristeza, la rabia, el miedo… Se apoderan de nosotros. Con el diagnóstico comienza un duelo, con sus correspondientes etapas, y según el momento la emoción puede hablar por nosotros. Incluso en ocasiones, familiares y amigos, ante la falta de recursos para afrontar la situación y el temor a “meter la pata” o a no saber qué decir, evitan por completo no sólo el tema de la enfermedad, sino a la persona que la padece, lo que puede resultar enormemente doloroso: Un abandono es peor que un comentario inadecuado.

Por todo esto, y porque con la mejor intención se cometen enormes errores, es importante que estemos preparados para evitar ciertos comentarios inapropiados que, en este contexto, son muy comunes.

Stan Goldberg, especialista en comunicación y profesor en la Universidad de San Francisco, padeció una forma agresiva de cáncer de próstata. En su experiencia como enfermo oncológico, tuvo oportunidad de analizar cómo puede sentirse la persona ante ciertos comentarios benevolentes y cuál es la mejor manera de acompañar a estas personas durante su proceso: diagnóstico, tratamiento, manejo de las secuelas, recidivas… De su experiencia surgió un libro. “Loving, Supporting and Caring for the Cancer Patient”

Golberg, como tantos otros pacientes con cáncer, se encontró con personas con un discurso de ánimo: “tú tranquilo, todo irá bien”, “verás como habrá cura, vamos a hacerle frente juntos”… El autor reflexiona: “las palabras de aliento pueden funcionar a corto plazo, pero a la larga pueden generar culpa si el cáncer es más agresivo y vence todos los esfuerzos de la persona”.

La primera y más importante recomendación: Habla menos y escucha más.

La interacción con nuestra persona querida, a pesar de su enfermedad, no tiene por qué convertirse en un intercambio de preguntas y respuestas. No es un interrogatorio, es una conversación. Por esa razón, se recomienda el uso de preguntas abiertas, que permiten acceder a información más detallada y descriptiva, más profunda y valiosa. Las preguntas cerradas sólo permiten respuestas estrechas y limitadas y hacen que la conversación se extinga rápidamente.

Algunas recomendaciones sobre lo que NO se debe hacer:

  • Evita destacar los cambios físicos que se están produciendo: pérdida de peso, de cabello…
  • No le digas que tiene suerte de sufrir cierto tipo de cáncer y no otro. Nunca es una suerte tener cáncer, aunque pueda haber diagnósticos más desesperanzadores que el suyo.
  • No le sugieras realizar tratamientos no probados o de efectos y referencias dudosas…
  • Incluso si los hábitos y el estilo de vida de la persona pueden haber contribuido a su enfermedad (tabaco, mala alimentación…), no sugieras que se lo ha buscado. La culpa no es útil. Y en este momento, menos. Son muchos los factores que influyen en el desarrollo del cáncer: ni ser no fumadores nos libra, ni ser fumadores de cajetilla diaria nos condena.
  • No le sermonees sobre la importancia de una actitud positiva. Tiene derecho a sentirse mal. A entristecerse, a enfadarse, a tener miedo. La actitud es importante, sí, pero sus emociones son siempre legítimas. Y además, si el entorno insiste en esto, la persona enferma puede sentirse culpable si las cosas no salen bien. “Pase lo que pase, voy a estar a tu lado”, es más justo, más validante y mucho más útil.
  • No seas morboso. Si la persona te quiere dar información sobre su pronóstico, está bien. Si no, respeta su privacidad y sus tiempos.
  • No provoques que la persona enferma tenga que cuidar de ti. Tal vez tus propios sentimientos te abrumen, pero no es momento para que él/ella tenga que hacerse cargo de ti. Está bien que le digas que sientes lo que está ocurriendo, pero por favor, no hagas un drama mayor del que ya es.
  • Antes que no decir nada o desaparecer de su vida, lo que le haría sentir que le abandonas o que no te importa su sufrimiento, reconoce tu propio proceso de duelo.

No pasa nada si no sabes qué decir. Tus palabras no le van a curar. Pero tu apoyo, tu presencia, aunque sea en un silencio respetuoso, sí va a serle de ayuda.

 


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La receta de la Felicidad

Mucho se ha escrito y mucho se habla de alcanzar la felicidad. Es la Piedra Filosofal, el Santo Grial, la meta que todos, cada cual por su camino, deseamos alcanzar.

Y parece tan difícil ser feliz…

Hay un profesor de Psicología y Filosofía en la Universidad de Harvard que, haciendo de la ciencia su instrumento, ha convertido la felicidad en su bandera y, dada la demanda de tan preciada receta, ha publicado diversos títulos de gran éxito, como “Elige la vida que quieres” o “Practicar la felicidad”. Su nombre es Tal Ben-Shahar, y sus ingredientes, mucho más sencillos y accesibles de lo que imaginas: relaciones sólidas, gratitud, rutinas cotidianas, estar presente y manejo de emociones negativas.

Entonces, ¿se puede aprender a ser feliz? Y si se puede aprender… ¿podremos enseñar a las próximas generaciones a serlo?

Sí, rotundamente.

Estoy segura de que, después de escucharle, se te ocurrirán varias cosas que puedes comenzar a hacer esta misma semana, quizá ahora mismo, para empezar a construir esa felicidad.

¡Adelante!

 

Tómate un momento:

¿Qué es para ti la felicidad? ¿Qué estás haciendo para acercarte a ella? ¿Te boicoteas de alguna manera cuando parece que vas a conseguir lo que crees que te haría feliz?

Me encantará que compartas conmigo tu opinión y tus inquietudes al respecto.

Y, si eres de los que se sabotean… Tal vez te interese leer un antiguo post sobre el Complejo de Jonás.

¡Hasta el próximo post!