Cáncer: Cómo hablar con personas que lo padecen

¿Podéis imaginaros cuál es la pregunta que con mayor frecuencia escucha alguien que padece o ha padecido cáncer?

Seguramente habéis acertado: «¿Cómo estás?»

La intención tras estas palabras es, por lo general, amable y bondadosa: es una muestra de interés por la salud de la otra persona. No obstante, si nos ponemos en la piel de la persona enferma, descubriremos que pueden no ser de ayuda o incluso provocar daño.

¿Cuál es la respuesta apropiada? ¿»Bien, gracias»?

Si nos responden que están bien… ¿le daremos credibilidad a sus palabras? ¿de verdad está bien? ¿y si no lo está? ¿le apetecerá compartir con nosotros cómo se siente? ¿será el momento adecuado?

paciente onco quimioterapiaAnte un diagnóstico de cáncer, muchos de nosotros quedamos mudos. De entrada, la sorpresa, la tristeza, la rabia, el miedo… Se apoderan de nosotros. Con el diagnóstico comienza un duelo, con sus correspondientes etapas, y según el momento la emoción puede hablar por nosotros. Incluso en ocasiones, familiares y amigos, ante la falta de recursos para afrontar la situación y el temor a «meter la pata» o a no saber qué decir, evitan por completo no sólo el tema de la enfermedad, sino a la persona que la padece, lo que puede resultar enormemente doloroso: Un abandono es peor que un comentario inadecuado.

Por todo esto, y porque con la mejor intención se cometen enormes errores, es importante que estemos preparados para evitar ciertos comentarios inapropiados que, en este contexto, son muy comunes.

Stan Goldberg, especialista en comunicación y profesor en la Universidad de San Francisco, padeció una forma agresiva de cáncer de próstata. En su experiencia como enfermo oncológico, tuvo oportunidad de analizar cómo puede sentirse la persona ante ciertos comentarios benevolentes y cuál es la mejor manera de acompañar a estas personas durante su proceso: diagnóstico, tratamiento, manejo de las secuelas, recidivas… De su experiencia surgió un libro. «Loving, Supporting and Caring for the Cancer Patient»

Golberg, como tantos otros pacientes con cáncer, se encontró con personas con un discurso de ánimo: «tú tranquilo, todo irá bien», «verás como habrá cura, vamos a hacerle frente juntos»… El autor reflexiona: «las palabras de aliento pueden funcionar a corto plazo, pero a la larga pueden generar culpa si el cáncer es más agresivo y vence todos los esfuerzos de la persona».

La primera y más importante recomendación: Habla menos y escucha más.

La interacción con nuestra persona querida, a pesar de su enfermedad, no tiene por qué convertirse en un intercambio de preguntas y respuestas. No es un interrogatorio, es una conversación. Por esa razón, se recomienda el uso de preguntas abiertas, que permiten acceder a información más detallada y descriptiva, más profunda y valiosa. Las preguntas cerradas sólo permiten respuestas estrechas y limitadas y hacen que la conversación se extinga rápidamente.

Algunas recomendaciones sobre lo que NO se debe hacer:

  • Evita destacar los cambios físicos que se están produciendo: pérdida de peso, de cabello…
  • No le digas que tiene suerte de sufrir cierto tipo de cáncer y no otro. Nunca es una suerte tener cáncer, aunque pueda haber diagnósticos más desesperanzadores que el suyo.
  • No le sugieras realizar tratamientos no probados o de efectos y referencias dudosas…
  • Incluso si los hábitos y el estilo de vida de la persona pueden haber contribuido a su enfermedad (tabaco, mala alimentación…), no sugieras que se lo ha buscado. La culpa no es útil. Y en este momento, menos. Son muchos los factores que influyen en el desarrollo del cáncer: ni ser no fumadores nos libra, ni ser fumadores de cajetilla diaria nos condena.
  • No le sermonees sobre la importancia de una actitud positiva. Tiene derecho a sentirse mal. A entristecerse, a enfadarse, a tener miedo. La actitud es importante, sí, pero sus emociones son siempre legítimas. Y además, si el entorno insiste en esto, la persona enferma puede sentirse culpable si las cosas no salen bien. «Pase lo que pase, voy a estar a tu lado», es más justo, más validante y mucho más útil.
  • No seas morboso. Si la persona te quiere dar información sobre su pronóstico, está bien. Si no, respeta su privacidad y sus tiempos.
  • No provoques que la persona enferma tenga que cuidar de ti. Tal vez tus propios sentimientos te abrumen, pero no es momento para que él/ella tenga que hacerse cargo de ti. Está bien que le digas que sientes lo que está ocurriendo, pero por favor, no hagas un drama mayor del que ya es.
  • Antes que no decir nada o desaparecer de su vida, lo que le haría sentir que le abandonas o que no te importa su sufrimiento, reconoce tu propio proceso de duelo.

No pasa nada si no sabes qué decir. Tus palabras no le van a curar. Pero tu apoyo, tu presencia, aunque sea en un silencio respetuoso, sí va a serle de ayuda.

 


lazo rosa

La receta de la Felicidad

Mucho se ha escrito y mucho se habla de alcanzar la felicidad. Es la Piedra Filosofal, el Santo Grial, la meta que todos, cada cual por su camino, deseamos alcanzar.

Y parece tan difícil ser feliz…

Hay un profesor de Psicología y Filosofía en la Universidad de Harvard que, haciendo de la ciencia su instrumento, ha convertido la felicidad en su bandera y, dada la demanda de tan preciada receta, ha publicado diversos títulos de gran éxito, como «Elige la vida que quieres» o «Practicar la felicidad». Su nombre es Tal Ben-Shahar, y sus ingredientes, mucho más sencillos y accesibles de lo que imaginas: relaciones sólidas, gratitud, rutinas cotidianas, estar presente y manejo de emociones negativas.

Entonces, ¿se puede aprender a ser feliz? Y si se puede aprender… ¿podremos enseñar a las próximas generaciones a serlo?

Sí, rotundamente.

Estoy segura de que, después de escucharle, se te ocurrirán varias cosas que puedes comenzar a hacer esta misma semana, quizá ahora mismo, para empezar a construir esa felicidad.

¡Adelante!

 

Tómate un momento:

¿Qué es para ti la felicidad? ¿Qué estás haciendo para acercarte a ella? ¿Te boicoteas de alguna manera cuando parece que vas a conseguir lo que crees que te haría feliz?

Me encantará que compartas conmigo tu opinión y tus inquietudes al respecto.

Y, si eres de los que se sabotean… Tal vez te interese leer un antiguo post sobre el Complejo de Jonás.

¡Hasta el próximo post!

El suicidio: Esa realidad de la que nadie quiere hablar

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España.

La primera.

 

Son 3.600 personas las que, cada año, deciden acabar con su vida.

La media, 10 personas al día.

Sin embargo, este dato, aunque resulta escalofriante, no es portada. No sale en las noticias. No se habla de ello. Quizá no hay tiempo. O lo hay, pero se dedica a cuestiones «más importantes», como el derbi del pasado fin de semana. Como la última expulsión en OT.

El pasado viernes 2 de Febrero se puso en marcha un nuevo teléfono de atención y prevención del suicidio. La idea ha sido desarrollada e implementada por la Asociación La Barandilla, constituida por personas con discapacidad, familiares y profesionales de la salud, rehabilitación y reinserción social.

Aunque durante este mes el horario disponible es restrigido, de 9 a 21h, a partir de marzo la atención estará disponible 24h. La línea telefónica será atendida por psicólogos y psiquiatras.

Los datos han descendido durante los últimos años, aunque aún queda mucho por hacer, y la prevención es la clave. El servicio prestado por esta Asociación atiende a la persona en el momento de la crisis, realizando una labor de contención emocional en un momento crítico, acompañando a la persona en su sufrimiento y ayudándola a gestionar el impulso suicida.

La única manera de reducir estos datos es la prevención, y para poder prevenir hay que visibilizar la realidad de las personas que, empujadas por su sufrimiento, deciden poner fin a su historia.

910 380 600

Un número que salvará vidas.

¿Código genético o código postal? Recursos disponibles y esperanza de vida

Es bien sabido que nuestro entorno afecta a como nos sentimos y, por tanto, a nuestra salud, tanto física como mental. Al parecer, nuestro código postal influye más que nuestro código genético.

Epidemiólogos y sanitarios advierten que las desigualdades sociales afectan negativamente a nuestra salud. De acuerdo con los datos que manejan, los altos niveles de paro, un bajo nivel educativo y una menor renta, variables que se han incrementado con la crisis, acortan la esperanza de vida, aumentando la tasa de mortalidad. Los datos son, cuanto menos, llamativos: dentro de la misma ciudad, la esperanza de vida puede reducirse hasta en una década.

estación tren

Os dejo algunas cifras: En una de las principales ciudades del País Vasco, Bilbao, hay una diferencia de ocho años de vida en varones y cuatro en mujeres entre Algorta y el casco viejo, dos puntos unidos por menos de media hora de trayecto en Metro. «Las regiones más pobres mantienen las mismas condiciones de vida y salud que hace 30 años», según la socióloga Amaia Bacigalupe.

estadísticas

No se trata de una situación exclusiva de la zona norte. En Sevilla, por ejemplo, también hay una diferencia significativa en la tasa de mortalidad en adultos entre 44-65 años con sólo recorrer unas pocas paradas de Metro: En Lora del Río es de 21 en mujeres y 66 en hombres, y pocos kilómetros al sur, en Brenes, la tasa de mortalidad aumenta varios puntos para todos, siendo de 28.4 en mujeres y 83.5 en varones.

En las consultas de médicos y psicólogos presenciamos día a día cómo la crisis ha creado un abismo entre ricos y pobres. Nuestras condiciones de vida, el entorno en que vivimos inmersos, afectan a nuestra salud mental. El difícil acceso a los recursos, la preocupación por la estabilidad laboral, los ingresos y el futuro y la desesperanza ante la situación económica, política y social provoca cuadros que son recogidos por los profesionales bajo las etiquetas de ansiedad y depresión.

Si ciertamente nuestro código postal influye más en nuestra salud que el código genético, en principio, los cambios dependen de nosotros.

Queda claro: Por el bien de todos. Incluso por nuestra salud, es necesario un cambio social.

 

¿El mejor regalo?

Sí, hemos superado los dos primeros asaltos de las fiestas navideñas.

Para algunas personas, estos días tienen, además del brillo de las vacaciones, un significado especial por motivos religiosos, espirituales o sencillamente por tradición.

Si ese es tu caso, te deseo una muy feliz Navidad.

Por mi parte, sean cuales sean tus creencias y tu marco de referencia, espero que en estos días encuentres un momento de tranquilidad. Que puedas acurrucarte en un sofá con tu manta favorita y veas una de esas pelis que te gustan. Tal vez una que hayas visto ya cien veces. A lo mejor esa es tu tradición de Navidad: Ver Los Gremlins o Solo en Casa. Disfrútalo. Espero que puedas abrazar a la gente que quieres. Que puedas sentarte a leer un buen libro. Que te tomes un chocolate calentito. Que pasees por tu ciudad y disfrutes del aire fresco en la cara y de la iluminación navideña.

Espero que esta semana encuentres un rato para sentarte en silencio delante de tu vida y puedas admirar lo valiosa que es y todo lo que tienes.

Espero que puedas encontrar motivos para sonreír antes de darle la bienvenida al Año Nuevo.

 

Todos conocemos la incertidumbre…

Lisa Kudrow es uno de los rostros más conocidos de la televisión a nivel internacional, sin duda por su papel como Phoebe Buffay en la legendaria serie F·R·I·E·N·D·S. Durante las diez temporadas, ese personaje alocado y excéntrico nos conquistó. Sin embargo, quienes admiramos a esta actriz y hemos seguido su trayectoria, sabemos que la historia de Lisa no empieza ni acaba con Friends.

phoebe friends

Ella misma hizo un recorrido por su trayectoria, tanto personal como académica y profesional, en el acto de graduación de la Universidad de Vassar (NY). El vídeo de su discurso se ha convertido en viral, y no es casualidad: resulta altamente motivador e invita a la reflexión, no sólo a los recién graduados o licenciados, sino a todo aquel que en algún momento se ha sentido perdido, frustrado, desanimado y sin ganas de volverse a levantar para exponerse a los golpes de la vida.

La actriz repasa sus comienzos: un camino complicado, con despidos, rechazos, dificultades económicas e incertidumbre, con el que fácilmente cualquiera de nosotros se puede sentir identificado.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=n0-wuLDvWA0?start=180&w=560&h=315]

¿A qué conclusiones llegas tú? Si te apetece, me encantará que me lo cuentes en los comentarios.

¡Hasta el próximo post!

Reflexión de otoño: Como a los árboles

Cuando paseas por el monte, o por el campo, y ves la vegetación que te rodea, observas las diferencias entre unos ejemplares y otros: Hay árboles altos, de troncos robustos y copas frondosas. Otros son pequeños arbustos cargados de frutos rojos, o con hojas bordeadas de espinas. Los observas, y contemplas como los troncos de algunos son rectos, sin embargo otros parecen torcidos. Los hay de hoja perenne, mientras que otros pierden sus hojas al llegar el otoño. Y los miras, sin juzgar, dejándolos ser como son y apreciando sus diferencias.

Incluso, observando el entorno en el que crecen, puedes comprender por qué son como son: quizá a algunos les llega poca luz, por estar en una zona sombría. Tal vez aquel retorció su tronco en un intento por acercarse a la claridad. Los observas, los comprendes y no te tomas su forma ni su apariencia como algo personal. Lo que son, cómo son, no tiene que ver contigo, sino con su historia.

En el momento en que volvemos al mundo de los humanos, perdemos esa habilidad. Esa actitud de observar sin juzgar se desvanece, y nuestro discurso se llena de «deberías»: Debería ser más correcto, o perder peso, o vestir de otra manera. Debería tratarme de otro modo. Debería ser más cariñoso, más fuerte, más independiente. Nos convertimos en máquinas de juzgar.

Quizá podamos practicar tratar a las personas que nos rodean, y a nosotros mismos, como a los árboles, y apreciarlos tal como son. Apreciarlos y respetarlos por ser como son.

paseo otoño troncos torcidos hojas