Reflexión de otoño: Como a los árboles

Cuando paseas por el monte, o por el campo, y ves la vegetación que te rodea, observas las diferencias entre unos ejemplares y otros: Hay árboles altos, de troncos robustos y copas frondosas. Otros son pequeños arbustos cargados de frutos rojos, o con hojas bordeadas de espinas. Los observas, y contemplas como los troncos de algunos son rectos, sin embargo otros parecen torcidos. Los hay de hoja perenne, mientras que otros pierden sus hojas al llegar el otoño. Y los miras, sin juzgar, dejándolos ser como son y apreciando sus diferencias.

Incluso, observando el entorno en el que crecen, puedes comprender por qué son como son: quizá a algunos les llega poca luz, por estar en una zona sombría. Tal vez aquel retorció su tronco en un intento por acercarse a la claridad. Los observas, los comprendes y no te tomas su forma ni su apariencia como algo personal. Lo que son, cómo son, no tiene que ver contigo, sino con su historia.

En el momento en que volvemos al mundo de los humanos, perdemos esa habilidad. Esa actitud de observar sin juzgar se desvanece, y nuestro discurso se llena de «deberías»: Debería ser más correcto, o perder peso, o vestir de otra manera. Debería tratarme de otro modo. Debería ser más cariñoso, más fuerte, más independiente. Nos convertimos en máquinas de juzgar.

Quizá podamos practicar tratar a las personas que nos rodean, y a nosotros mismos, como a los árboles, y apreciarlos tal como son. Apreciarlos y respetarlos por ser como son.

paseo otoño troncos torcidos hojas

¡RESPETA MI CUERPO!

Los adultos nos pasamos la vida dando lecciones a los peques que nos rodean: les hablamos de normas, tratamos de inculcarles valores e incluso les hablamos de posibles dificultades que pueden afrontar en el futuro. Sin embargo hay ciertas cuestiones de las que, por desgracia, nos cuesta hablar con ellos: la sexualidad, las partes privadas del cuerpo y lo que se puede hacer y no se puede hacer con el cuerpo de los demás. Son muchos los adultos que se sonrojan y se ponen nerviosos ante la sola idea de poner sobre el tapete estos temas, cuando en realidad, pocas cosas hay más naturales que el propio cuerpo.

Por si fuera poco, abordar estos temas puede ser muy efectivo a la hora de prevenir o incluso detectar abusos y otras dificultades que son, desgraciadamente, demasiado comunes en nuestros tiempos.

  • ¿De qué manera puedo expresarme sin causar preocupaciones o
    miedos?
  • ¿Qué es lo que los niños ya saben?
  • ¿Por dónde debería empezar?
  • ¿De qué manera puedo proteger a mis hijos?

Son algunas de las numerosas preguntas que se encienden, cual lucecitas del árbol de Navidad, en la cabeza de muchos padres.

Ojala hubiera un método infalible para proteger a niños y niñas de cualquier situación de abuso y desprotección. Por desgracia, no lo hay. Sin embargo, hay mucho que los adultos podemos hacer, y una de las medidas más relevantes a la hora de protegerles es concienciarles, hablando con ellos sobre el cuerpo y sus límites, cómo decir que sí o que no, contribuir a que se sientan seguros y facilitarles que puedan hablar con nosotros de aquello que les preocupa.

En un intento por facilitar la tarea a los adultos asustados (muchas veces más que los niños), la ONG Save the Children ha elaborado la guía «Respeten mi cuerpo«. En ella se recogen consejos sobre cómo mantener conversaciones sobre estos temas con niños de distintas edades.

Aprender que nuestro cuerpo es nuestro, y de nadie más, y que nadie tiene que tocarlo si nosotros no queremos, es el primer paso en la prevención.

Puedes descargar la guía aquí: Respeten mi cuerpo – Save the Children

La violencia contra las mujeres, un asunto de hombres

Hace unos días alguien con quien hablo de manera habitual de cuestiones de género y lenguaje me pasó el enlace de una charla TEDx. Son muchas las que he visto, y alguna me ha impactado tanto como para compartirla con vosotros.

Aquí os dejo la intervención de Jackson Katz, para el TEDxFiDiWomen. Este cineasta, escritor y educador norteamericano, experto en violencia, medios de comunicación y masculinidades, es el creador y co-fundador del Programa de Educación y Prevención de Violencia de Género titulado Mentores en la Prevención de la Violencia (MVP), al que se han adherido entidades de la envergadura del Ejército estadounidense y numerosas instituciones deportivas. A través de su discurso, nos recuerda que los «asuntos» de mujeres son también cosa de hombres. Y eso, sin duda, incluye el descontrolado fenómeno de la violencia contra las mujeres en sus distintas expresiones.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=H_GE6r-ixr8&w=560&h=315]

Creo que todxs nosotrxs debemos tomar conciencia de cómo el uso que hacemos de las palabras redefine la realidad. Una realidad que construimos, co-construimos, entre todos. Porque cuando hablamos de género, no hablamos sólo de mujeres. Otras masculinidades son posibles, y es responsabilidad de todxs nosotrxs concederles un espacio y cambiar esta realidad en la que hombres y mujeres están aún lejos de recibir un trato igualitario, siquiera en el uso del lenguaje.

igualdad de generoRescatando las palabras de Martin Luther King, «al final, lo que más perjudica no son las palabras de nuestros enemigos, sino los silencios de nuestros amigos». No consintamos con nuestro silencio a aquellos que perpetúan modelos de inequidad. No seamos cómplices.

Si quieres saber más sobre estas cuestiones, te recomiendo la lectura de su libro «The Macho Paradox: Why Some Men Hurt Women and How All Men Can Help» o de sus publicaciones para el Huffington Post.

 

«Me gustaría que me contara sus cosas…» Sobre la confianza entre padres e hijos.

Una familia con adolescentes

A lo largo de mi experiencia profesional, han sido muchos los padres que me han comentado que les gustaría participar más en la vida de sus hijxs, que sienten que viven con desconocidxs y que les agradaría enormemente que sus chicxs les contaran sus cosas. No importa la edad de los «niñxs» en cuestión, este discurso es muy común. Tal vez demasiado.

De la misma manera, me he encontrado con hijxs, tanto fuera como dentro de la consulta, que se mueven entre dos polos: en un extremo, tenemos a aquellxs a los que les gustaría tener más confianza con sus padres y poder contarles algunas cosas, acudir a ellos en busca de consejo u opinión y compartir una parte, que ellos elijan, de su intimidad. Del otro lado, están aquellos hijxs que se sienten completamente invadidos por sus progenitores. Es común que traten de mantenerlos al margen de sus asuntos privados, y se sientan identificados con la Guardia de la Noche en su labor de defender los Reinos de los Hombres y proteger la frontera de Poniente del ataque de las fuerzas de más allá del muro (sí, yo también soy fan de GoT)

guardianes del muro ataque GoT

Hace unos días, una conversación con una madre me hizo reflexionar. En mi opinión, la intimidad emocional, tan necesaria en todas las etapas del desarrollo, se forja desde la más tierna infancia. La seguridad y complicidad necesaria para poder compartir con el otro nuestras necesidades y preocupaciones parte de un vínculo sano: la presencia y la disponibilidad son los cimientos, pero no bastan. Se necesita también escucha atenta y aceptación incondicional. Y volvemos al tiempo dedicado a la relación con el otro: no en cantidad, sino de calidad.

Sin esta intimidad emocional, nos vemos obligados a crecer en soledad. A no poder compartir nuestras pasiones ni nuestros miedos. A tomar nuestras propias decisiones sin contrastarlas con los demás. Y a equivocarnos. Los errores son inevitables, parte imprescindible del proceso de aprendizaje y, por tanto, de la vida. Sin embargo, resulta llamativo cómo, por tratar de ocultar algo que consideramos va a ser juzgado por el otro como un error, la comunicación con el otro se distorsiona y la relación se enrarece.

Y es que resulta complicado compartir nuestra vivencias con los demás sin sentirnos juzgados. Piénsalo: Si repasas las conversaciones que has tenido estos días con familiares, amigos, compañeros de estudios o de trabajo… Seguro que te viene a la cabeza más de un ejemplo en el que has sentido que el otro te colocaba en un posición de evaluación, te has sentido juzgado y te has replanteado la idoneidad de lo que has hecho… O tu elección a la hora de contarlo.

Somos de gatillo fácil. Con demasiada frecuencia, cuando alguna persona cercana se abre a nosotros y comparte sus anécdotas, sus experiencias o sus preocupaciones, inmediatamente nos ponemos en «modo solucionador» y ofrecemos alternativas. La realidad es que, en la mayoría de las ocasiones, la otra parte sólo necesita ser escuchada. Nos pide prestados nuestros oídos, nuestro cerebro y nuestro corazón para que seamos testigos mudos mientras ordena sus pensamiento, narra su historia, repasa los detalles… Y llega a sus propias conclusiones.

Todo estos es mucho más sencillo de lo que parece: ¿Quieres que te cuenten? Escucha. Pero escucha de verdad. Y habla tú también. Los padres, como siempre, con la mejor de las intenciones, tienen por costumbre proteger a sus niñxs manteniéndolos al margen de casi todo. Si nos paramos a reflexionar, nos damos cuenta enseguida de que poco sabemos de la vida de nuestros padres antes de que se convirtieran en eso, en padres. Y la realidad es que ellos, como nosotros, tienen y han tenido múltiples experiencias y desempeñan roles diversos: son padres, sí, pero también cónyuges, hijos, hermanos, nueras, yernos, cuñados, amigos, novios, alumnos… Ellos también tienen muchos rostros.

caras GoT Casa de blanco y negro

Y toda esta información, tan valiosa, pasa desapercibida para nosotros. De este modo, niños y adultos construyen vidas paralelas. Esta actitud nos aleja emocionalmente y construye, siguiendo con la metáfora, un enorme muro entre nosotros. ¿Cómo va a compartir un niño sus experiencias, sus gustos, sus preocupaciones… Si crece en un mundo donde nadie más lo hace?

Curiosamente, los esfuerzos de los padres por proteger se vuelven en su contra, y en lugar de crear un ambiente seguro y amoroso, se establece un clima afectivamente helado en el que, por si fuera poco, periódicamente cae una lluvia de preguntas que huele a interrogatorio: «¿qué tal hoy en el cole? ¿qué has hecho? ¿te has portado bien? ¿y en el recreo? ¿con quién has jugado?, pero ese niño saca malas notas, ¿verdad?…» 

Cometemos un enorme error si pensamos que de esta manera estamos conectando con ellos. A nadie le gusta tener que responder a un interrogatorio, y tampoco a nuestros hijos. Lo que necesitan y con toda probabilidad desean es que estemos disponibles para, en caso de necesidad, poder acudir a nosotros. 

Y tú, ¿qué opinas?

Save Roses: Jóvenes ingenieros comprometidos con la protección de las víctimas de violencia de género.

Hace unos días, en el noticiario de la TPA, canal autonómico del Principado de Asturias, apareció algo que llamó poderosamente mi atención, y me apetece compartirlo con vosotros.

Una joven gijonesa recién graduada en Ingeniería ha desarrollado una aplicación para su proyecto de fin de carrera. Hasta aquí, nada sorprendente. La cuestión es que María González ha diseñado, en colaboración con la Policía Nacional, Local, la Guardia Civil, y el Centro Asesor de la Mujer, una aplicación que favorece la protección de las víctimas de violencia de género.

violencia genero puño cerrado mujer miedo

Se trata de una aplicación invisible: se descarga, se instala y desaparece sin dejar rastro. Para activarla, sólo hay que marcar un número que tampoco quedará registrado en el listado de llamadas. A través de esta aplicación, se establece una vía de comunicación bidireccional entre las fuerzas de la ley y las víctimas de cada zona, facilitando su protección, ubicación y la intervención en caso de emergencia.

rosas rojas vaso cristalEl proyecto, que ha recibido el discreto nombre de «Save Roses» ha sido propuesto al Ministerio de Interior por su gran utilidad, como herramienta a emplear en el territorio nacional a la hora de atender las necesidades de las mujeres víctimas de violencia de género, aunque, dadas sus características y funciones, la aplicación puede resultar útil también para otros colectivos en situación de riesgo o desprotección.

Quizá alguna empresa pueda terminar el desarrollo que María ha planteado y pronto las nuevas tecnologías, accesibles y de fácil manejo, se conviertan en aliadas en la protección de la mujer y de todas las personas que puedan requerir ser localizadas, protegidas y rescatadas en un momento dado.

Si queréis conocer a la artífice de esta gran idea, podéis verla en una breve entrevista aquí.

En cuestiones de violencia, concienciación y prevención resultan claves, sin embargo, la intervención eficaz, eficiente y efectiva, es crucial.

¡Hasta el próximo post!

 

 

La importancia de la empatía

¿Cuál es la mejor manera de aliviar el sufrimiento de otra persona? En este precioso corto, la Dra. Brené Brown nos recuerda que la conexión empática sólo se puede conseguir si somos capaces de contactar con nuestras propias debilidades.

Esta profesora de la Universidad de Houston ha dedicado más de 15 años de su vida al estudio de la valentía, la vulnerabilidad, la vergüenza y la empatía, y es la autora de tres bestsellers – The Gifts of Imperfection, Daring Greatly, and Rising Strong. Uno de los temas que aparecen de manera reiterada en sus investigaciones y publicaciones es la importancia de cultivar la empatía.

Según la Dra. Brown, la empatía es sentir con el otro, y es una «opción vulnerable», pues requiere que la entremos en contacto con algo nuestro que nos permita identificarnos con el sufrimiento del otro. La empatía consta de cuatro componentes:

  • Asumir el punto de vista del otro
  • No juzgar
  • Reconocer la emoción en el otro
  • Ser capaz de comunicar esa emoción

Muchos comentarios, bienintencionados aunque inapropiados, cuando alguien nos cuenta algo que le provoca malestar comienzan con «al menos…» y van seguidos por una queja sobre la propia situación («al menos tú tienes un trabajo, yo llevo meses en el paro…», «al menos tú tienes pareja…»). La verdad es que rara vez una respuesta de la persona que tenemos delante puede provocar una mejoría en cómo nos sentimos. Vale más una mirada comprensiva, una escucha activa, un «no sé qué decirte…. Siento mucho que estés pasando por esto» que un comentario que minimice el dolor y el malestar de la otra persona. Por eso, si no sabes qué decir, suele ser mejor que no digas nada.

¿Es posible aprender a ser empáticos? Desde niños, aprendemos de nuestros padres, profesores e iguales a gestionar las emociones propias y ajenas. Las relaciones con los otros son la principal fuente de aprendizaje, sin embargo la literatura es también una herramienta poderosa a la hora de desarrollar nuestra empatía.

Aunque la empatía no es una asignatura que se enseñe en los colegios, es una de las cualidades más importantes a desarrollar y fomentar en las personas, ¿no te parece?

Reivindicando el valor de las Amas de Casa. El lenguaje, instrumento de cambio de la realidad.

Echando un vistazo a la programación cultural de mi ciudad, Gijón, me he encontrado con un evento muy interesante previsto para la tarde del sábado:

dibujo ama de casa pollo asadoSe trata de una charla en torno a la importancia del uso del lenguaje en el cambio de nuestra realidad. Y este tema, tan constructivista, tan semiológico, que podría parecer complejo, pero es apasionante, se desarrolla a partir de algo cotidiano: La etiqueta «Ama de Casa«. Esta expresión esconde tras de si una profesión de gran importancia social, aunque habitualmente infravalorada.

igualdad de generoEn esta charla, organizada por el IDC La Calzada (Iniciativas Deportivas Culturales), tendremos la oportunidad de ver cómo un uso adecuado del Lenguaje nos descubre su verdadero significado, y cómo ese descubrimiento conduce a cambios positivos en nuestro comportamiento y, en este caso, fomenta la igualdad en el hogar.

Tendrá lugar el sábado 20 de Mayo a las 18h en el Salón de Actos del Centro Municipal Integrado del Ateneo La Calzada.

¿Te apetece asistir?

 

 

Cine y Salud Mental: El Síndrome de Asperger

Quienes seguís el blog y le dedicáis un ratito de vuestro tiempo a leer lo que escribo, ya conocéis mi afición al cine y, más concretamente, mi debilidad por el cine de animación. Por cierto, os lo digo poco: Gracias por leerme.

Hoy me gustaría compartir con vosotros una historia que se estrenó en el conocido Festival de cine independiente de Sundance hace ya unos años, allá por el 2009. Se trata de Mary & Max, una película australiana que relata la amistad por carta entre una niña de las antípodas y un hombre con síndrome de Asperger que vive en Nueva York. En el transcurso de esta larga y sólida amistad, ambos se enfrentan a un mundo que, en ocasiones, resulta confuso, caótico y cruel.

La ternura, aparente sencillez y la honestidad de la presentación de la trama hace que resulte fácil reconocer en los personajes a personas de nuestro entorno o identificarnos nosotros mismos: una niña solitaria, un hombre obeso y con dificultades para relacionarse, un padre demasiado centrado en su trabajo que se implica poco con su familia; una madre, cuanto menos, peculiar; un veterano de guerra y un vecino con tartamudez nos acompañarán en una historia entrañable y dura al mismo tiempo que nos hará pensar sobre cuestiones tan importantes como la salud mental, la soledad, las relaciones familiares, la amistad y la aceptación de nuestras imperfecciones.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=Ipq95oJryuo&w=560&h=315]

Espero que disfrutéis de la película.